viernes 23 de septiembre de 2011

La mujer que jugaba a las Escondidas

(Escrita por David Cotos – Perú 2011)

¡A mi me engendraron en plena felicidad!

Y diciendo esto saltando de alegría, la anciana cerró la puerta del ropero donde se había escondido. Karla y Patricia, las enfermeras del Hogar de Reposo, una vez más habían tardado pero la habían encontrado a la Señora Paula Tenderini.

A principios del siglo pasado, Fabio Tenderini había llegado con la migración italiana a la ciudad de Chincha. En Italia era conocido el dicho “Vale un Perú” que hacia referencia a que si venías a tierras peruanas y trabajabas duro, harías dinero rápidamente. Especializado en agricultura, optó por dedicarse al cultivo de las uvas negras. Como vio que otros fabricaban vino, él hizo lo mismo, sólo que en vez de hacer negocios con Lima, él puso una bodega.

Luego de cinco años de trabajo duro y muchos amores pasajeros e insaciables conoció a Elvira Ramos, una trigueña monumental, de ojos afilados como sus dientes, de pechos duros y robustos, de caderas inflamables. De inmediato pensó que ella debía ser su mujer para siempre y por siempre. Elvira no se hizo de rogar con Fabio como lo solían hacer las otras mujeres del barrio para hacerse las interesantes. Esa misma noche hicieron el amor en un arenal y al amparo de un árbol de guarango. No se dieron tregua, sus cuerpos exigían amarse una y otra vez. A la semana se casaron, lo celebraron a la manera de Fabio, o sea trabajando duro. Invitaron a 100 personas, contadas una por una por la mismísima Elvira. Para tan celebrada ocasión a Fabio se le ocurrió que en vez de que se pisara la uva con los pies, se cambiara el procedimiento a aplastarla y exprimirla con las manos.
-         Es más higiénico – dijo
En aquel día soleado, los invitados disfrutaron sacándole el jugo a las uvas.

Nueves meses más tarde, el 20 de Agosto de 1925 nacía Paula Tenderini Ramos. El doctor que la atendió en el Hospital de Ica le dijo a Elvira
-         Esta niña va ser una torita
-         ¿Cómo una torita, Doctor? – dijo asustada Elvira
-         Es que tiene un corazón que hace bum bum bum. Esta niña va vivir muchos años.
-         Dios lo oiga doctor y que sea sanita también – se persignó Elvira
-         De algo estoy seguro, va ser una traviesa – al hablar el Doctor se percató que la niña Paula parecía hacerle una sonrisa amplia.

Los Tenderini tuvieron un hijo por cada año. Hacia 1934 ya eran 9 los hermanos de Paula, menos mal que Elvira cerró la “fábrica” porque de ser por Fabio necesitaba más hijos varones para que le ayudaran con el negocio y además alguien tenía que encargarse de la bodega en el futuro.

Para Paula no iba eso de jugar con muñecas, tampoco eso de jugar con autos. Para ella su juego preferido era las escondidas. Desde niña había visto que su padre perseguía a su madre por toda la casa. Se supone que ella estaba durmiendo en su cuarto, pero siempre los espiaba. A la medianoche, Elvira emprendía desnuda una carrera desde su cuarto gimiendo: “No me atrapas lero lero” y luego se escondía en algún lugar de la casa. Diciendo estas palabras, se callaba la boca. El flaco Tenderini, siempre con ropa de dormir, sólo se guiaba por esas primeras palabras para tentar encontrar el lugar hacia el que se había dirigido su mujer. Paula luego escuchaba que su mamá decía: ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!. Ese agradecimiento la arrullaba a Paula y a sus hermanitos.

Con el aporte de ideas de sus hermanos hicieron variaciones del juego de las escondidas. Iban de Lunes a Sábado por las tardes al Centro Comercial Embassy y ahí jugaban. Un día lo hacían con la variación “escondidas-chapadas”, “escondidas-nueve locos”, otro día “escondidas con baile” (a este juego “musical” se unieron muchos niños de Chincha atraídos por esos ritmos afro-italo-peruanos que se habían inventado los niños Tenderini a ritmo de cajón y guitarra). Ya con muchos amiguitos a Paula se le ocurrió que los días domingos sean de la variación “escondidas-frejol colado” la cual consistía en dar un premio a aquellos niños que encontrarán más rápido a sus compañeros. El premio en efecto era un plato de frejol colado. A Paula y sus hermanos, papá Tenderini les había enseñado desde pequeños que lo mejor que puede hacer una persona por su prójimo es compartir. Los domingos los niños de la Calle Pardo eran felices con esos postres preparados por Elvira y Paula.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial terminó con la alegría de compartir. No solamente empezó una época de hambre y escasez, las enfermedades también hicieron mella en la población. Toda la costa del Perú puso énfasis en el cultivo del trigo, la papa y el maíz. La vid pasó a un segundo plano. 5 hermanos de Paula murieron esos años que duró la guerra, de complicaciones respiratorias dijeron los doctores, eso nunca le quedó claro a Paula. Luego de la guerra, el 14 de Febrero de 1947 siendo las 7 de la mañana, dos hermanos más morían, justo los más apasionados y que le seguían en orden de edad a Paula. Todos en Chincha, especialmente las jóvenes, supieron la causa de su muerte: infarto fulminante. Habían hecho del amor, no un arte sino un “ejercicio adrenalínico y a tiempo completo” donde mayor cantidad de horas por día era el reto semana tras semana. Esto finalmente los condujo al hoyo. Las mujeres que formaron parte de sus experimentos los lloraron a mares en su entierro. Ese fue el primer día en su vida que Paula no sonrió. Es más al mirar a todas esas “doncellas” (entre comillas) cumplir con el último deseo de sus hermanos y tirar cada una sus calzones a la tierra dijo: ¡Que asco!

El Domingo de la primera semana de Primavera de 1952 sorprendió a Paula y sus hermanos Giancarlo y Tulio (los sobrevivientes) en la misa del Padre Adrián. El Padre hablaba en la homilía sobre la mujer ideal, apoyaba sus ideas en el Libro de los Proverbios:
Hermanos, Salomón, un hombre dotado de mucha sabiduría nos dijo en el Libro de los Proverbios Capítulo 31, a partir del versículo 10, que una mujer que honre a Dios escasea hoy en día por eso el valor de ella es incalculable. La mujer ideal es aquella en la que el esposo confía plenamente, es una trabajadora diligente, tiene criterio y juicio para los negocios, es solidaria con los pobres y es una consejera sabia. En suma es una mujer virtuosa. ¿Quién de ustedes la está buscando?

Víctor Coronado dijo para sus adentros: “Yo padre”. Llevaba un tiempo asistiendo perseverantemente a la Catedral de Chincha, no por vocación religiosa, más bien por un pecado en particular. Hacia dos años que había conocido una mujer casada y había posado sus ojos en ella, un día no pudo más con ese fuego que le quemaba por dentro y fue a confesarse donde el padre Adrián
Víctor: Padre he mirado a mujer ajena.
Padre Adrián: ¡Hijo! ¡Eso es pecado mortal!
Víctor comenzó a sudar ante tamañas palabras, estaba condenado a muerte. Menos mal que luego el padre Adrián le explicó el significado de un pecado mortal, le dio una penitencia y luego le dijo que el Señor le había perdonado sus pecados. A partir de ese día, y por un por si acaso, Víctor se convirtió en un asiduo feligrés que iba semanalmente a la misa de los domingos.

Aquel Domingo, en el momento de la comunión, el coro empezó a cantar “Hosanna”. Víctor, que para esto se confesaba todos los jueves a las 7:30 p.m., formó su cola a la espera de recibir su hostia. Cuando faltaba poco para llegar donde el sacerdote, Víctor distinguió una voz dentro del coro que le distrajo, buscó con la mirada a la dueña de esa melodía hecha voz. No podía dar fe de lo que veían sus ojos: era una mujer igualita a Sofía Loren. Alta, robusta, de labios carnosos, pechos grandes y abultados, caderas del demonio. Ella lo miró por un instante. César se tambaleó.

Padre Adrián: ¿Qué te pasa Víctor?
Víctor: Perdón padre.
Recibió la hostia, se acercó al padre y le dijo en voz baja
Víctor: Quiero conversar con usted luego
El Padre Adrián le hizo un gesto como de ok.

Al terminar la misa, los feligreses empezaron la retirada. Víctor se mantuvo en su banca y observó que “Sofía Loren” recogía parte de los instrumentos musicales y se iba con el coro fuera de la Iglesia, dos muchachos rubios la acompañaban. Llevaba consigo una sonrisa increíble.

Padre Adrián: Dime hijo, quieres que vayamos al confesionario
Víctor: No padre, quiero hablar de hombre a hombre
Padre Adrián: En ese caso vamos donde la pensión de la Sra. Rosa, hoy me ha dicho el sacristán que han preparado un chupe de pallares verdes que para que te cuento …. vámonos.

El sacerdote Adrián era como el padre que nunca conoció Víctor. Al nacer, lo abandonó a él y a su madre, quien lo cuidó y educó con muchos sacrificios. Fue por esas cosas de Dios, que el Colegio José Pardo promoviera la primera comunión entre sus alumnos de Primaria. Ahí fue que se inició la amistad entre Víctor y el Padre Adrián. Con el correr de los años el sacerdote se sabía de memoria los pecados de Víctor y también conocía de su afán por ser mejor persona.

Padre Adrián: Este zapallito italiano le da un saborcito delicioso.
Víctor: Si padre.
Padre Adrián: Tú dirás. Seguro que se trata de mujeres, ¿verdad?
Víctor: Si padre…. ¿Cómo adivinó?
Padre Adrián: Te conozco Víctor.
Víctor: Mire hoy en la misa vi a una chica ……
Padre Adrián: …… en el coro. Se llama Paula. Soy su confesor y es una mujer de conducta intachable.
Víctor: Asu. Es igualita a …..
Padre Adrián: ….. Sofía Loren. La misma de la que me hablas desde el año pasado cuando fuiste a Lima y viste en “El Comercio” un reportaje sobre la nueva diva italiana.
Víctor: Usted me lee la mente.
Padre Adrián: ¿Qué quieres? ¿Qué te la presente?
Víctor: Para nada padre. Sólo quería saber …….
Padre Adrián: ……. si es la mujer ideal para ti. Pues yo te diría que la conocieras, trátala hombre, no te dejes deslumbrar sólo por su belleza. Paula tiene su carácter a pesar de esa sonrisa tan enigmática. Te voy ayudar ¿Te parece?
Víctor: Gracias pero ¿Cómo?
Padre Adrián: Te voy a integrar al Grupo Parroquial de Giancarlo y Tulio.
Víctor: ¿Quiénes son esos?
Padre Adrián: Los hermanos de Paula, seguro los viste ahora con ella.
Víctor: ¿Los blanquiñosos?
Padre Adrián: Aja. No se parecen a Paula ¿verdad? Bueno te cuento que los Tenderini, así se apellidan ellos pues son de sangre italiana, fueron 10 hermanos. Yo bauticé a todos. Por la hambruna y enfermedades de la guerra y post-guerra ahora sólo quedan tres con vida. Fueron 9 niños blanquiñosos y una niña, Paula, que salió trigueña como su madre, además le heredó la belleza.

Víctor dividió su tiempo entre la algodonera donde trabajaba y su asistencia a las reuniones del grupo parroquial de los Tenderini. Giancarlo era un tipo asequible, en cambio Tulio era bien fastidioso. Igual logró hacer buenas migas con ellos. El día que le presentaron a su hermana Paula fue el más feliz de toda la existencia de Víctor. Llevaba puesto un vestido celeste que combinaba con sus ojazos y su sonrisa.

Paula: Tú te sientas en la cuarta banca, al extremo derecho los domingos ¿verdad?
Víctor: Si. ¿Cómo lo sabes?
Paula: Siempre te me quedas mirando
Víctor Se quedó callado y se puso rojo como un tomate.
Víctor: ¿Qué te parece si salimos a la calle a tomar aire?
Paula: Pensé que me ibas a invitar una chocoteja
Víctor: Ahorita sólo tengo para mi pasaje, otro día lo puedo hacer.
Paula: Te bromeaba, vamos a ver la luna llena.

Salieron de la parroquia, y la luna llena alumbraba Chincha. Respiraron, contemplaron a la poca gente que transitaba a esas horas, el Sr. de gorra que parecía pensar sentado en una de las tablones de la Plaza de Armas, la pareja de enamorados que discutía en el otro lado de la calle, el camión con pacas de algodón que transitaba de sur a norte, un niño en ojotas que iba de norte a sur comiendo un mango.
Paula: Es lindo esto.
Y diciendo aquello Paula empezó a correr
Víctor le gritó: ¡¿Qué te pasa?!
Paula: Nada …. Ponte a contar hasta 10 y luego búscame por toda la Plaza. ¿A qué no me hallas en 3 minutos?
Víctor se puso a contar 1, 2, 3, 4, 5, ….
En el conteo 6 y 7 escucho la voz de Paula diciendo: “Lero Lero Lero Lero”
Al conteo 10, se arremangó los puños de la camisa, hizo con su mirada un enfoque de 180 grados, movió su sombrero imaginario a lo John Wayne y empezó la búsqueda. Tras esos segundos contando sólo había quedado en la Plaza, el hombre de la gorra que lo miraba y reía: ji ji ji. La pregunta era ¿dónde se había metido Paula? Víctor cruzó en diagonal toda la Plaza mirando hacia el lado derecho punto por punto, el olor a pasto mojado fue lo que más percibió. Volteó, y repitió el procedimiento para ver el otro lado de la Plaza. No parecía estar en ningún lado. El hombre de gorra seguía con su: ji ji ji. Las palmeras parecían examinarlo a Víctor, ya habían pasado los 3 minutos, la derrota era inminente pero ella no estaba. Por un momento pensó que algo le había pasado. No escuchaba risas, nada, de pronto pensó en esas palmeras altas que por efecto de la luna reflejaban sombra. Ahora si la iba a encontrar y la encontró, en una de las palmeras cercanas al tipo de gorra observó la formas de dos copas redondas y erguidas, eran el reflejo de los senos de ella.

Víctor: ¡Te atrapé!
Paula: Ja ja ja. Mira que has perdido, te demoraste 7 minutos.
Víctor: Lo se, pero di contigo al final.
Paula: Te voy a dar un premio.
Víctor excitado dijo: ¿Cuál?
Paula: Mañana ya.
Y diciendo esto se fue corriendo la “Sofía Loren” de Víctor.

En la radio pasaban la radionovela cubana de las 6. Paula y su mamá escuchaban la historia de Roberta, mujer engañada por los 4 maridos con los que se casó. Escuchaban a Roberta decir: “Tú que sabes de respeto y lealtad si nunca has amado a alguien, ni siquiera a ella”.

Paula: Mamá, mi papá ¿alguna vez te puso los cuernos?
Elvira: No hija.
Paula: ¿Cómo estás tan segura?
Elvira: Eso es algo que las mujeres sabemos, lo olemos, lo sentimos principalmente.
Paula: mmmmmm. Sabes he conocido un chico.
Elvira: ¿De dónde es?
Paula: Va los domingos a verme cantar al coro de la Catedral. Creo que viene de Ica.
Elvira: ¿Qué edad tiene? ¿Tiene padres? ¿A qué se dedica? ¿Qué quiere contigo? ¿Por qué hablas de él así con los ojos medio cojudescos?
Paula: Mamáaaaaaa recién lo he conocido, pregúntale a Giancarlo y Tulio, ellos me lo presentaron.

Aquella noche, Elvira conversó con sus hijos varones. A la mañana siguiente no le dijo nada a Paula.

Paula se encontró con Víctor en el grupo parroquial. Charlaron, se rieron. Víctor llevo una guitarra y le dijo que le iba a dedicar una canción. Paula se rió hasta no más poder.
Víctor: Es una canción italiana, me la enseñó el Padre Adrián.
Paula: Míralo pues, enseñando esas cosas a los mocosos como tú.
Víctor: “La donna e mobile qual piuma al vento, muta daccento, e di pensiero…..”
Paula: Ja ja ja ja ja ja ja.
Se fue corriendo y le hizo un gesto con la mano para que la siguiera.
Víctor dejó la guitarra y fue en pos de ella. Todos los del grupo parroquial se olían algo ahí, entre esos dos. Giancarlo estaba feliz. Tulio no, alzó las cejas y se llevó la mano al mentón.

Por la noche Tulio conversó con su mamá.

Los días pasaron, las semanas pasaron. La sonrisa de Paula se había extendido 2 centímetros, la única que lo había notado fue Elvira, su madre.  Inesperadamente tocaron la puerta. Era Víctor con una bolsa.

Elvira: Dígame Sr.
Víctor: Soy Víctor, amigo de Paula. Usted debe ser la Sra. Tenderini.
Elvira: Ah usted es el famoso John Wayne
Víctor: ¿John Wayne?
Paula estaba detrás de Elvira conteniendo la risa con su mano derecha.
Elvira: La verdad que de John Wayne sólo tiene la altura, porque lo demás ...................
Paula no pudo más y estalló en risas.
Víctor se dio cuenta que era otra de las bromas de Paula.

Víctor llevaba en la bolsa melocotones, naranjas, melones y manzanas. Para él, regalar frutas al ir a una casa era regalar AMOR. La Sra. Elvira tomó con buen ánimo el obsequio, sabía todo acerca del muchacho porque Tulio se había encargado de informarle. Se sentaron a la mesa y se pusieron a hablar de temas varios

Elvira: ¿Y usted donde trabaja Sr. Víctor …?
Víctor: …. Coronado. Mi apellido es Coronado. Bueno, yo trabajo en la Desmotadora Santa Estela y manejo la prensa para sacar pacas de algodón.
Elvira: Oiga que bien. Eso tiene mucho futuro ¿verdad?
Víctor: Si Sra., Chincha es una tierra privilegiada para el algodón.
Paula contemplaba con los ojitos brillantes la conversación de Víctor con Elvira.
Elvira: ¿Cuénteme de sus padres?
Paula: Mi papá nos abandonó a mi madre y a mi cuando yo nací. El sacerdote Adrián ha sido como un padre para mí.
Elvira: ¿Tiene hermanos?
Víctor: Soy hijo único.
Elvira: ¿Está usted en condiciones de sostener un hogar?
Víctor: mmmmmmm
Paula: Mamáaaaaaaaaa
Elvira: Responda
Víctor: Si Sra. No solamente eso. Estoy dispuesto a amar y serle leal a su hija hasta el último instante de mi vida.
Elvira: ¿En serio? Suena muy idealista eso que habla. Tenga en cuenta que “El hombre propone y Dios dispone”.
Víctor: Lo se Sra. Pero mi madre me enseñó que lo más importante en un hombre es su palabra. Yo le estoy dando mi palabra.
Elvira: Eso me gusta. Dígame ¿Usted es de los que lo único que saben hacer es quejarse o es de los que luchan?
Víctor: De los que luchan.
Elvira: ¿Le gustan los niños?
Paula: Mamáaaaaaaaaaa
Víctor: Si, quiero tener muchos con Paula.
Elvira: Mire, mi Paula quiere mucho a los niños, desde chica fue así. Si viera como le dolió cuando murieron sus hermanos. Le hago la pregunta porque debe saber usted que un hombre que ama verdaderamente quiere que su mujer cuide a sus hijos.
Víctor: Yo la amo Sra. Tenga por seguro que Paula va cuidar de nuestros hijos. Yo siempre voy a proveer lo necesario.
Elvira: Cuando un hombre y una mujer forman un hogar, ambos deben asumir sus responsabilidades con seriedad. ¿Entiende el mensaje?
Víctor: Lo entiendo Sra…… perfectamente
Paula se quedó pensando en las palabras de su madre.
Elvira: Yo quiero que mis nietos sean felices como mi Paula, no quiero que sean como esos niños en ojotas que veo en la calle y se acercan a ofrecerme tejas y tienen una cara que parece hablar y decir “nadie nos quiere”. Para ser padre, se debe preparar. En un matrimonio, la mujer debe reforzar la autoridad del padre y él debe reforzar la autoridad de la madre, mucho diálogo entre ambos y marchar en una sola línea de disciplina. Mire, entre mi querido Fabio, que en paz descanse, y yo formamos así a nuestros hijos y por eso yo me siento la mejor madre del mundo. Todo lo hicimos con amor y por ellos, no fuimos perfectos pero dimos lo mejor.
Le salieron unas lágrimas a Elvira. Paula también inundó su rostro de lágrimas pero igual siguió sonriendo. Víctor contemplaba todo seriamente.
Elvira volvió a la carga
Elvira: Sabe usted joven ¿Qué es lo más importante en el matrimonio, además de todo lo que le he dicho?
Víctor: Paciencia.
Elvira: ….. y tolerancia. Recuerde esas dos palabras por siempre.

A los 8 meses de haberse conocido se casaron Víctor y Paula. El matrimonio fue en la Iglesia de San Francisco, en Ica, bajo la dirección del sacerdote Adrián. La recepción la hicieron en el patio del Hotel Mossone, aquel alojamiento que se encuentra junto a la apacible y romántica Laguna de Huacachina. Los invitados tomaban vinos y piscos, bailaban valses, boleros, guarachas, sus hijos se divertían jugando a las “escondidas-chapadas”. Por la noche, se despidieron de la pareja y ellos se fueron a disfrutar su luna de miel.

Paula había llegado virgen al matrimonio. Víctor no, él había aprendido el arte de hacer el amor en el distrito de El Carmen. Las mujeres de aquel lugar sabían como llevar al hombre al oasis del placer, a la última galaxia de la locura orgásmica. Pero por sobre todo, eran mujeres sencillas que les gustaba enseñar, educar a los hombres sobre como hacer feliz a una mujer en la cama. Al fin y al cabo, ellos le retribuían con amor, el amor que ellas le daban. Víctor tuvo 2 novias en El Carmen. Las dos fueron sus maestras. Dónde tocar, que decir, que hacer en tal momento, como oler, como rozar, como entrar, como moverse, que posición hacer de acuerdo a la hora en que se practicaba el amor, le enseñaron todo. Ahora era el momento de amar a la mujer que él había elegido por esposa.

Paula previamente había sido adiestrada por su madre para aquella noche.  Pura teoría, nada de práctica. Paula quería ser feliz en esos instantes y que Víctor también lo fuera. Optó por dejarse llevar por él.

Se besaron primero bien apretados sus cuerpos, sintiéndose como uno ya desde ese momento. Separaron sus cuerpos unos centímetros para desnudarse. Víctor se puso medio torpe, al contemplar la piel arena de la mujer más bella que había visto en su vida. Hasta le salieron lágrimas al mirar tanta perfección que Dios había esculpido. Por su parte, Paula examinó el cuerpo de Víctor pero no se sorprendió, sólo se rió. Víctor no le dijo nada al verla reír, ni ella nada al verlo llorar. Unieron sus cuerpos e hicieron el amor. Afuera explotaban fuegos artificiales y una pareja de gatos aullaban de placer.

Un doctor italiano llegó por esos meses a Chincha y hablaba que la mejor manera de planificar los hijos era mediante el método del ritmo. Víctor y Paula fueron a verlo y les explicó en que consistía eso de hacer el amor sólo en determinadas fechas. En un calendario apuntaban entonces las fechas para amarse, esos días Paula preparaba mucho jugo de maracuya para que Víctor lo bebiera. Además compraba sandía como el postre de la mañana, tarde y especialmente la noche. Durante aquellos días Víctor se transformaba, por la alimentación, en un ser más que vigoroso …. era un tigre con Paula. Se amaban tanto que el parquet de la casa donde vivían pedía piedad.

A los dos años de tanto amor, nació Silvana Coronado. Una niña que llegó en época de la fiesta de la vendimia. En un ambiente de celebración de la uva en las calles, de alegría y entusiasmo, Paula se percató que la niña no sonreía, más bien era seria y miraba fijamente al padre.

En Febrero de 1956, Víctor viaja a Lima porque sentía un dolor a la altura del hígado, volvió en un cajón a Ica porque falleció. Le fue fiel a Paula, padre ejemplar con la hija que tuvieron ambos, en otras palabras cumplió con la promesa que le dio a la Sra. Elvira. El matrimonio había durado 3 años. Paula no lloró, por segunda vez estuvo seria en su vida, esa sería también la única vez que madre e hija estuvieran serias al mismo tiempo.

Con el paso del tiempo, Paula demostró ser una madre ejemplar como lo había sido Elvira, trabajando en la bodega de su padre junto con su madre y sus hermanos. En las fotos de los Cumpleaños siempre aparecía Paula sonriendo y Silvana toda seria. A diferencia de su madre, a Silvana nunca le gustó eso de jugar escondidas, de niña prefirió las muñecas y cuando fue adolescente prefirió jugar con “los chiquillos” a las “tocaditas”. Ya de mayoría de edad, migró a Lima para seguir estudios universitarios. Unos años después Silvana contrajo matrimonio y se llevo a su mamá a vivir con ella. Los primeros años del matrimonio, el Sr. Alvaro Vizcarra le daba el amén a la suegra Paula, inclusive le celebraba sus chistes, compartían bromas y los sábados la llevaba al Supermercado y ahí él con su cochecito de compras se paseaba por todo el local buscándola ya que ella se había escondido. En verdad esa primera etapa del matrimonio de Silvana, tanto yerno como suegra se llevaron de maravillas.

Sin embargo a inicios de los 90 y ya con dos hijos corriendo por la casa, ocurrió una desgracia: al Sr. Vizcarra lo echaron del trabajo. Con su compensación por tiempo de servicios les alcanzó para sobrevivir un tiempo, incluido el dinero que aportaba Silvana que por aquel entonces trabajaba en un Centro Comercial que recién se había abierto en San Isidro y que todos decían iba tener un gran futuro. Llegó un momento en que vivían del dinero de Silvana, al Sr. Vizcarra no le gustaba eso de vivir del dinero de su mujer y en su mente añadió que encima tenía que compartir la casa con su suegra. No tener trabajo empezó a desgastarle el cerebro, no había empleo en Lima, no tenía vara, no tenía alguien que le ayudara.

Silvana: Amor, tú no necesitas que nadie te ayude. Sólo tú te puedes ayudar.
Alvaro: Son unos desgraciados. Tanto que hice por ellos y así me echaron. Aquí el que no tiene padrino se jode.
Silvana: Cariño no hables así.
Alvaro: Es cierto.
Silvana: Es una pena que mis tíos Giancarlo y Tulio hayan fallecido. Ellos te hubieran ayudado porque mis primos dudo mucho, son muy egoístas, imagínate que hasta ahora se pelean por la herencia de la Bodega Tenderini.
Alvaro: Hablando de los Tenderini. He hecho mis cálculos y si enviamos a tu madre a un Hogar de Reposo nos ahorraríamos unos 600 soles.
Silvana no podía creer lo que le proponía el Sr. Vizcarra.
Silvana: ¡Estas loco! ¡Es mi madre! ¡Que miércoles te ocurre!
Alvaro: No …. Para nada. Mírala.
En ese momento Paula jugaba con sus nietos a las escondidas y era puro ji ji ji ja ja ja.
Alvaro: Los niños en vez de estar ahí gastando energías deberían mirar tele para que luego no estén fastidiando con la comida.
Silvana: ¡Has perdido la cabeza …… definitivamente!
Alvaro: Mi amor piénsalo. Son 600 soles. Ten en cuenta la pensión del colegio de los niños.
Silvana quería llorar, pero mantenía el rostro serio, aguantando las lágrimas. Recordaba que Paula le había enseñado a ser una mujer con coraje y agallas. Lo quería a Alvaro, pero este era un blandengue, nada que ver con sus ídolos que eran Víctor Coronado (su padre) y Fabio Tenderini (su abuelo), hombres leales, confiables, diligentes y que sudaban hasta la última gota luchando por la vida.

Silvana: Me gustaría que cambiaras esa actitud.
Alvaro: ¿Cuál actitud? Yo estoy bien así como estoy.

 “Las personas adultas no cambian. Antes de casarte piensa bien con quien te vas a unir o quieres separarte al tiempo. No creas que tú lo vas a cambiar en el camino, como te digo un adulto ya no cambia. No sueñes con lo que te dicen otros. La verdad es una y es esta. Mejor es que sufras ahora que sufras toda una vida” sonaron estas palabras de Paula en el recuerdo juvenil de Silvana, de cuando estaba de enamorada de un chico que era embustero de nacimiento y de práctica.

“La vida es un juego para ser feliz permanentemente. Juega a ganadora, juega bien, sin trampas y serás siempre feliz” se le vino otra frase de Paula.

“Toda la vida te has fijado en galifardos”

“En esta sociedad de apariencias, donde  todos te señalan y juzgan, lo más importante para una mujer es su prestigio”

“Si no aprendes a pensar hoy, mañana o más tarde alguien lo hará por ti y te manipulará”

“¿Me has visto alguna vez triste o colérica?”

“En la vida conocí mucha gente mierda pero siempre tuve agallas para enfrentarlos”

A la cabeza de Silvana le vino la imagen de Paula sonriendo y diciéndole diferentes frases a lo largo de su vida. Debía ser rápida y precisa en su decisión. Fue a conversar con Paula para manifestarle su propuesta. Paula aceptó de buena gana porque para ella lo principal era que el matrimonio se mantuviera unido y que esos niños no sufrieran eso de tener padres separados. Era tal el amor por su hija que de inmediato se fue a armar su maleta. La tolerancia de Paula era increíble, el amor de ella también, Silvana con su cara seria fue donde Alvaro

Silvana: Ya conversé con mamá
Alvaro: ¿Y?
Silvana: Aceptó ir al Hogar de Reposo.
Alvaro: Que bien. Vas a ver que fue la mejor decisión.
Silvana: No creas que todo vaya ser tan fácil para ti.
Alvaro: ¿A qué te refieres?
Silvana: Primero: Ahorita mismo te vas a conseguir empleo de lo que sea, no me importa. Segundo: Todos los sábados y domingos, sin falta vas a visitar conmigo o sin mí a mi madre.
Alvaro: Pero mi amor, tú sabes que los sábados tengo partidos de fulbito en la canchita con mis amigos, y los domingos …….
Silvana: No me vengas con pendejadas, te estoy comunicando, no te estoy pidiendo tu opinión ni comentarios.

-         Chicas de ese modo fue que yo llegue aquí al Hogar de Reposo: Virgen Purísima. Hice grandes amigos como “el internacional”, “el cantante”, “la indomable”, “la enterita” y a ustedes. Mi hija hoy es feliz al lado de su esposo, ella siempre viene a visitarme de Lunes a Viernes, en cuanto a mi yerno, el buen hombre viene religiosamente los fines de semana trayendo a mis nietos. Imagínense que no vinieran, extraño el calor de la familia. Pero igual con mis amigos y ustedes hemos creado algo lindo aquí.

Las enfermeras Karla y Patricia sonrieron ampliamente. Paula también.

martes 20 de septiembre de 2011

Muerte de un Ciclista

(Dirigido por  Juan A. Bardem – España 1955)


María José: ¿Qué piensas? Dime ¿Qué piensas?
Juan: En lo nuestro. Si, en lo nuestro. ¿Qué es? ¿Amor? ¿Pasión? ¿Pasatiempo?
María José: ¿Tú me quieres Juan?
Juan: Si. Creo que si. Nunca me lo había preguntado. Haz sido tantas cosas para mí durante tantos años.
María José: Tu novia, tu amante …
Juan: ….. nunca mi mujer
María José: Estuve a punto de serlo ¿no? ….la guerra …..
Juan: Si. La guerra….. La guerra es algo muy cómodo, se le puede echar la culpa de todo. De los muertos, de las ruinas, de los tipos como yo que se quedan vacíos por dentro y no vuelven ya a creer en nada ….. ni siquiera en la novia buena que no espera y se casa con un hombre rico. Es tonto de decir estas cosas, parece una novelita rosa.
María José: Aquello fue una equivocación y una necesidad. Sobre todo una necesidad.
Juan: ¿Tuya?
María José: No seas cruel. Sabes que te quiero a ti.
Juan: ¿Cómo qué? La Señora María José de Castro bosteza en los cócteles, se aburre en los campeonatos de canasta, se aburre en los conciertos de gala. El viejo amor de los 18 años puede ser ahora una aventura romántica, algo agradable y excitante ….. mientras no haya complicaciones.

Un ciclista va por la carretera, el cielo oscuro lo acompaña. Va hacia una curva y en dirección opuesta aparece un auto. Al rato el vehículo se mueve en zigzag y quien maneja, la Sra. María José de Castro (Lucia Bosé), frena. A su lado se encuentra el Sr. Juan Fernández Soler (Alberto Closas). Ambos miran hacia atrás como quien ha dejado algo en el camino. Bajan del vehículo, quien corre en busca del ciclista es Juan, se da cuenta que aun se encuentra vivo. María José solo da unos pasos, mira la escena y le dice a Juan que regrese al auto. Un silencio invade el camino hacia la ciudad. Al llegar, Juan le dice a María José que no se preocupe porque nadie les ha visto.

Pasan algunos días.

La Sra. María José de Castro y su esposo Miguel (Otello Toso) hacen reuniones sociales. Miguel es un hombre de mucho dinero. María José parece que no hubiera matado a hombre alguno o que engañe a su marido, ella no muestra ni una pizca de remordimiento alguno. Es más le gustaría irse de viaje con su marido.

En cambio, Juan si tiene remordimientos. Piensa y piensa en su cuarto sobre lo que ocurrió, también cuando dicta sus clases de Geometría Analítica en la Facultad, en ningún momento se le va de la cabeza lo que ocurrió en esa carretera con su amante María José. Sufre de pensar en el dolor de la familia del ciclista, hasta finge ser periodista y va a la casa del fallecido y se entera de cómo había dejado una viuda con dos hijos pequeños. Juan en el fondo es un tipo bueno pero esa pasión que tiene por María José hace que se comporte como un arrastrado, un tal por cual que obedece las ordenes de esa mujer que le da placer cuando a ella le place y en dónde ella quiera. Una mujer egoísta que de sentimientos nada de nada, aunque dice querer tanto a su esposo como a su amante (los dos le creen ciegamente).

María José sigue disfrutando de los placeres pasajeros de la vida cuando uno de sus tantos invitados de fiestas sociales, el Sr. Rafael Sandoval (Carlos Casaravilla) le dice tocando el piano que ha compuesto una canción llamada “Chantaje” y agrega a ritmo de la melodía “Te he visto, hora cinco y media, lugar carretera de Francia, vehículo Fiat, velocidad 90 por hora…”. María José por primera vez manifiesta miedo pero no por la muerte del ciclista, si no porque Rafael pueda contarle algo a su esposo sobre ella y Juan. Otra cosa que le comienza a preocupar es que Juan este hablando de que “en la vida es indigno eso de engañar y mentir a las personas”. Juan se está volviendo un hombre sincero, como lo fue en su juventud, y eso es motivo para ponerse alerta. A María José no le queda otra que calcular fríamente sus acciones a seguir, su máximo interés es seguir disfrutando del dinero y nadie puede interferir con sus planes.

Decía Goethe que “La época en que mejor amamos es aquella en que todavía pensamos que somos los únicos amadores y que nadie ha amado ni amará nunca tanto”. Juan piensa que lo suyo por María José es un amor inconcluso, que una vez resucitado necesita culminarse y porque no que sea para siempre. Se olvida que ella es una mujer casada, la pasión puede más. Se olvida también que tiene todo un plan de vida como Profesor en la Universidad y que puede seguir creciendo como profesional, esas ganas de “verla” a María José tienen más poder en él que otra cosa.

Albert Einstein dijo una vez “La falta más grave es no tener conciencia de ninguna falta”. María José parece no tener sentimiento alguno, ni siquiera respeto por ella misma. Ella sólo rinde culto al dinero y a todo lo que este le brinda, eso es la felicidad para ella. Ella nunca va dejar a su marido, pero no se lo dice a Juan porque él le da un “amor ingenuo que a la vez es puro y sincero”.

Para tratar el tema de la infidelidad en el cine se necesita ser un cirujano para hilar con punto fino cada parte de la historia y para que el espectador sienta en todo momento esa sensación de vértigo que envuelve a los amantes. Juan A. Bardem lo logra en “Muerte de un ciclista”.

domingo 11 de septiembre de 2011

Medianoche en París (Midnight in Paris)

(Dirigido por Woody Allen – USA 2011)


Gil (Owen Wilson) es un tipo de mirada ingenua y con un aire perdido, es modesto e inteligente. Es de los que piensan que besarse con una mujer te puede hacer inmortal en ese instante. Pero por sobre todo, Gil es un hombre que vive en el pasado, que cree que su vida hubiera sido más feliz si hubiera vivido años atrás. El estado de felicidad máximo para él sería: París, años 20, bajo la lluvia. Eso de alucinar con el pasado es muy romántico y a la vez un estado perpetuo de negación de un presente al que le cuesta enfrentarse.

Su novia Inez (Rachel McAdams) es lo opuesto a Gil. Disfruta el presente al máximo, al fin y al cabo se vive una vez. Le fastidia que el “Gil Guionista de Hollywood” ahora pretenda tirar todo al tacho de basura y convertirse en “Gil Literato”. A Inez tampoco le gusta eso de caminar bajo la lluvia y menos eso de quedarse en casa, ella prefiere tomar un taxi e irse a una fiesta a bailar. Una noche que ella se va a bailar, él sale a pasear por París. Sus calles empedradas, el ambiente enrarecido por gente de distintas partes del mundo le encanta. De pronto un coche se detiene, es medianoche, le invitan a subir. La vida de Gil cambia en un abrir y cerrar de ojos, ha sido trasladado como por un portal a París, años 20, bajo la lluvia. Conoce a todos los intelectuales habidos y por haber en la ciudad, sin embargo quien más le llama la atención es la amante de Pablo Picasso: la embriagante Adriana (Marion Cotillard). ¿Qué decisión va tomar Gil? ¿Quedarse en el siglo XXI o en el año 1920? Pero…. el amor ¿importa?

“Medianoche en París” es un homenaje de Woody Allen a tres de los más grandes directores de cine del mundo: Francois Truffaut (El hombre que amaba a las mujeres), Ingmar Bergman (El hombre que amaba hacer pensar a los hombres y a las mujeres) y Federico Fellini (El hombre que amaba a su pasado).

Federico Fellini es un director que descubrí tardíamente, pero de inmediato me entusiasmaron sus historias. Esa obsesión suya por hablar del pasado, por hacernos creer que “todo tiempo pasado fue mejor” por más duro que este fuera. A Fellini mezclar en imágenes el pasado con el presente se le hace tan fácil como a Woody Allen trasladar a Gil por un túnel del tiempo (en vez de túnel, carro en esta película) hacia el París de 1920 una medianoche de un día cualquiera. A Gil se le hace difícil vivir el presente porque no es feliz, se encuentra en un estado insatisfactorio. Fellini lo trasladaría al pasado para tener felicidad, Allen hace lo mismo pero le agrega, con una madurez de director consagrado, que este pasado le ayude a mejorar su presente y a proyectarse hacia el futuro. Ambos buscan que sus filmes sean los más sinceros posibles, por eso será que la frase que les gusta es: “La felicidad consiste en poder decir la verdad sin nunca hacer sufrir a nadie”.

El cine de Ingmar Bergman es un cine potente, intenso, que busca hacer reflexionar si o si a los espectadores. Ver una película de Bergman no nos deja indiferentes. Allen es un admirador del cine de Bergman porque básicamente es un cine de autor (único, personal), es decir, un cine que tiene un público pequeño pero apasionado. El cine de Allen también es único. Bergman es un tipo cuyo cine es una invitación a pasearse por el análisis de las emociones humanas y los peligros de la incomunicación entre los seres humanos. La gran coincidencia de Bergman y Allen es esa frase que dice: “Lo importante es amar”.

Hablar de Francois Truffaut es hablar del amor. Y hablar de amor, es hablar de mujeres. Para Truffaut, un hombre puede amar una y muchas veces, coincido totalmente con el maestro y Allen también (conocida es su historia de las muchas mujeres que ha amado e inclusive, como Truffaut, ha dirigido en sus cintas). En la película, Gil está de novio con Inez, pero ella no es su “media naranja”, es más bien su polo opuesto. Por experiencia sabemos que esa frase de “polos opuestos se atraen” es la gran mentira del siglo XXI. Lo sabe Truffaut, lo sabe Allen. Sin embargo Truffaut en muchas de sus 21 películas juega con esa gran mentira porque le gusta filmar a la gente obsesionada con que sólo se puede amar una vez, además estos temas obsesivos son la manera directa de llegar al corazón de muchas parejas que creen ciegamente que el amor es sufrimiento, que es llorar y hasta morir por amor. Busca mostrarles visualmente la realidad con la que se van a chocar y hacerlos reflexionar y madurar.

Truffaut sabe realmente que el amor es “mi otra mitad” o “mi media naranja”, es decir mientras más cosas en común la pareja puede perdurar más como algo consistente, como un todo total. En unas declaraciones que brinda a la televisión afirma: “La vida es transitoria por definición y avanza hacia la decadencia. Al principio, asciende y luego va hacia abajo. Pero todo en nosotros aspira a lo definitivo. Queremos que lo que sentimos por nuestra madre sea definitivo, y viceversa. Lo mismo en el ámbito amoroso. Pero la vida destruye todo eso. De modo que un cine afectivo, como es el mío, sólo puede filmar desgarramientos, la contradicción entre ese anhelo de definitivo y la realidad, puramente temporal”. Lamentablemente Truffaut (la muerte lo sorprende) no logra hacer un filme con una reflexión acerca de “mi media naranja”, lo cual Allen si logra en esta película, haciendo un homenaje al maestro en la antepenúltima escena de “Medianoche en París” cuando Gil e Inez hablan sobre el futuro de su relación amorosa. Tremenda escena palabra por palabra del personaje de Gil. La gran verdad de la vida, para Woody Allen y Francois Truffaut, es que a la hora de amar un hombre debe ser valiente y veraz.

viernes 9 de septiembre de 2011

Carta a Tres Esposas (A Letter to Three Wives)

(Dirigido por Joseph L. Mankiewicz – USA 1949)


George: Estoy dispuesto a reconocer que para la mayoría soy una figura ligeramente cómica: Soy un hombre educado.
Rita: Nadie te pide que no lo seas. Piensa en cómo podrías ayudar. Podrías elevar el estándar.
George: ¿De la radio donde tú trabajas? ¿Cómo dice la frase? “Ya puedes reírte”. Soy profesor. Eso es peor que ser intelectual. Los profesores no son sólo cómicos … también tienen frío y hambre en el país más rico de la tierra.
Rita: Y miles renuncian cada año por trabajos que pagan bien.
George: Por desgracia, es cierto.
Rita: ¿Y por qué tú no?
George: Porque no me imagino haciendo ninguna otra cosa. ¿Qué crees que pasaría si todos renunciáramos? ¿Quién les abriría a los niños las mentes y los corazones a las glorias del espíritu humano y presente? ¿Quién los ayudaría con el futuro? He sido más afortunado que la mayoría.

Rita Phipps (Ann Sothern) se dedica a hacer correcciones de guiones para las radionovelas. Su esposo, George Phipps (Kirk Douglas) es maestro de escuela. En la comparación de ambos empleos, ella gana mucho más dinero que él, así que aporta más para esa unión también conformada por sus hijos gemelos. Es un matrimonio donde se nota que ambos se quieren, sin embargo Rita quiere más dinero para la casa y piensa que George debería tener un mejor trabajo, uno que gane mayor sueldo, su jefa le ha dicho que lo puede contratar en la radio. Rita sin consultarle previamente a George, ya está haciendo los arreglos para ese inminente trabajo. Surgen desavenencias entre George y Rita. Lo peor es que llega un conjunto de longs plays a la casa de los Phipps que llevan una nota en la que se indica “Para George en su cumpleaños: Si la música es el alimento del amor, tocad …. Addie Ross”.

Deborah Bishop (Jeanne Crain) conoció en la Armada a Bradford Bishop (Jeffrey Lynn). Se enamoraron y se casaron. Ella era una chica de provincia, él un hombre de la gran ciudad. Ella había sido una chica tranquila y chancona (siempre los primeros puestos en donde estudiara), él en cambio había sido un chico movido y con muchas enamoradas. Ese traslado a la ciudad, la llena de inseguridad a Deborah, se siente fea, que no tiene la ropa a la moda y lo que es peor piensa que Bradford tiene algo con otra mujer, lo presiente, sólo le falta confirmarlo. Un día Bradford le regala un vestido, pero que casualidad, es el mismo que usa la mujer más chic de la ciudad, o sea Addie Ross.

Lora Mae (Linda Darnell) es una joven con muchos sueños de grandeza. Tiene una belleza que quema los ojos de los hombres. Existe uno que ansia quemarse no solamente los ojos, sino completamente todo. Se llama Porter Hollingsway (Paul Douglas) y es un hombre adinerado, dueño de la empresa donde trabaja Lora. A Porter se le ocurre invitarla a salir a Lora. Ella es una mujer bien segura de si misma, sabe lo que quiere de los hombres, al fin y al cabo ha estado con tantos que los conoce al milímetro, Porter es su gran oportunidad para casarse y en la primera cita va directo al grano y le dice sus pretensiones. Por supuesto que Porter no ve con buenos ojos eso del matrimonio, sin embargo Lora usa la técnica del “calenteo” para que Porter la vuelva a invitar. La segunda vez Lora vuelve a usar la misma técnica, Porter comienza a volverse loco. Lora sabe que no puede aflojar, es decir, en la técnica del “calenteo” no “das nada hasta que ya veas que la presa quiere huir”. Un beso es suficiente para que Porter no tire la toalla. Sin embargo Porter se llega a cansar, y ella arriesga y pone todas sus fichas por la técnica del “adiós triste”. Al cabo de un tiempo, Porter le propone matrimonio. Parece que realmente Porter la ama, sin embargo constantemente él hace gala de que es superior en todo aspecto a ella y lo que es peor encima del piano siempre muestra un cuadro con la foto de Addie Ross.

Es el primer sábado de Mayo y el club de las mujeres conformado por Rita, Deborah, Lora y otras mujeres se reúnen para hacer una comida campestre para los niños pobres de la ciudad. En un barco cruzan el río y ahí al otro lado hacen juegos, paseos, comen, se divierten todo el día. Pero es justo cuando están por subir al barco que un cartero se acerca a las tres mujeres y les entrega una carta, por alguna razón Rita piensa que la ha escrito Addie Ross, se apresuran en leerla a pesar que Deborah dice que quizá Addie les quiere arruinar el día. La carta las impacta especialmente cuando al final de la misma dice: “…verán chicas, huí con uno de sus maridos. Addie”.

¿Quién es el marido que ha huido con la inclasificable Addie Ross?. Será George o Brad o Porter. Durante todo un día, las tres mujeres exprimirán el cerebro, analizarán sus matrimonios y por la noche al regresar del día de campo sabrán quién es la Reina del Primero de Mayo, fina cortesía de Addie Ross.

Mankiewicz es un director de diálogos inteligentes, superiores a los de muchos cineastas de su época y de todos los tiempos. Por algo hizo esa gran película llamada “Todo sobre Eva”, considerada entre las 100 mejores películas de la historia del cine mundial. Unos años antes de su obra maestra, hizo “Carta a tres esposas”. Escogió un reparto ansioso por hablar del tema que más le ocupaba a Mankiewickz: Las mujeres. Reunir a Jeanne Crain, Kirk Douglas, Linda Darnell, Ann Sothern, Paul Douglas y Jeffrey Lynn no se hace todos los días. “Carta a tres esposas” es una película que merece verse por un gran motivo: Es un estudio de la mujer de principio a fin. Ojo con los primeros minutos de la película, prestemos atención a cada una de las palabras de Addie Ross.