sábado, 23 de agosto de 2014

Crímenes y Pecados (Crimes and Misdemeanors)



No hay segundas oportunidades, excepto para el remordimiento.
Carlos Ruiz Zafón
Judah Rosenthal (Martin Landau) es un oftalmólogo renombrado en la sociedad, tiene la familia perfecta, dinero le sobra, pero al parecer en el tema del amor tiene problemas. Le es insuficiente su esposa con la que tiene 25 años de casados, por eso los últimos 24 meses ha mantenido una relación paralela con una mujer joven llamada Dolores Paley (Anjelica Huston).

Si bien no ha tenido problemas hasta ahora, Dolores ya quiere algo serio. Él entonces decide cortar la relación, sin embargo ella está dispuesta a todo con tal de que él sea para ella y solo para ella. Nada de que la terminen, ella debe quedarse con él por siempre y si para ello es preciso chantajearlo, ni modo habrá que hacerlo. Ahora Judah se ve envuelto en todo un tema existencial donde debe tomar una decisión ¿contarle o no contarle a su “aparentemente” feliz esposa?

“Crímenes y Pecados” es de esas películas que podemos llamar Obras Maestras. En una hora y media teje a pulso la historia de un hombre que vive atormentado por el adulterio cometido. Sus principios, recuerdos de niñez, religión, todo lo afecta. Allen inclusive se da el lujo de explicar el tema del amor con un personaje paralelo al principal, casualidades de la vida, interpretado por él mismo.
Los diálogos, como en muchas de las obras de Allen, son estupendos. Desde el inicio de la película te atrapan. Todo nos lleva a un final reflexivo y muy realista. Allen en estado puro y magistral.