lunes 30 de enero de 2012

Lecciones de Coaching que se pueden extraer de la película “The Artist”

"En una época de grandes transformaciones, 
los que aprenden heredarán el futuro"
Eric Hoffer

“The Artist” (Dirigida por Michel Hazanavicius – Francia 2011) nos cuenta la historia de un artista del CINE MUDO que se encuentra en la cima del éxito. Es tal su vanidad y orgullo, que lo ciegan a tal punto, de no darse cuenta que se avecinan cambios para la industria cinematográfica los cuales van a llevar irremediablemente a dar paso al CINE SONORO. La carrera del artista se va al hoyo por su obstinación de seguir en el cine silencioso cuando ya la gente prefiere “escuchar” a sus actores preferidos en la pantalla grande.  Sin embargo es en ese episodio crítico de su vida cuando se conocen a las verdaderas amistades (aquellas que están en los buenos y malos momentos, que te valoran así como eres con tus virtudes y defectos y finalmente que están dispuestas a apoyarte para que resurjas como el ave fénix).

En mis palabras coaching es el proceso de lograr un resultado mediante el arte de la  conversación. Para ello se requiere de dos personas, el coach y el coachee. El coach es el que hace preguntas que motiven a la reflexión al coachee y este por su cuenta (pensamiento) genere mejoras en su vida. Como podemos notar el coach es sólo un facilitador ya que quien realmente encuentra las soluciones a sus problemas es el coachee. Todos podemos ser coach y coachee en algún momento de nuestra vida (esta claro que no profesionales, pero si coach y coachees de la Universidad de la Vida).


El artista George Valentin (Jean Dujardin) es egocéntrico, no le da la debida importancia a su matrimonio y posee una gran resistencia al cambio (se burla de lo nuevo). Parece que él no se diera cuenta de su realidad y en cuanto a sus amigos no se toman el trabajo de decirle la verdad y lo adulan.

Como vemos ni sus amigos ni su propia esposa establecen los canales de comunicación para entablar una conversación que incite a la reflexión a Valentin, lo cual provoca que en el paso al cine sonoro su ego se venga abajo, su mujer lo bote de la casa y sus amigos aduladores desaparezcan y es más, se quede sin trabajo y deprimido.

Es ahí cuando aparecen las verdaderas personas que lo valoran, estas son la novel actriz Pepy Miller (Bérénice Bejo) y su leal chofer Clifton (James Cromwell). Ellos demuestran una amistad a prueba de balas, ellos conversan con Valentin, no le dan consejos sólo le muestran que ellos luchan, que no se rinden, que se han adaptado a los nuevos tiempos. Valentin sufre pero logra salir adelante.


Observamos entonces lo siguiente: Pepy y Clifton se comportan como coachs respecto a Valentin. ¿Por qué? Porque ambos no lo juzgan, le conversan, le hacen preguntas, lo incitan a que salga del status quo mediante el ejemplo. Valentin es aquel coachee que luego de haberse mirado en su propio espejo (así mismo) y darse cuenta que esa persona que ve no es la que quiere ser, comienza a realizar un cambio en su vida donde debe ser más humilde, paciente, incorporarse a los cambios tal como se van presentando y finalmente comprometerse con la nueva persona que es (mediante las metas que en su caso son convertidas en acción).

domingo 29 de enero de 2012

Los Inútiles (I Vitelloni)

(Dirigido por  Federico Fellini – Italia 1953)

“Sólo existes por lo que haces”
Federico Fellini

En la provincia de Broda (en Italia) se realiza un evento para elegir a Miss Sirena 1953. Ahí no puede faltar la crema y neta de aquella zona ...ah y también …. los inútiles que son un grupo de 5 jóvenes que tienen sueños, son alegres, les gusta las mujeres, fiestas y también la vagancia.

El líder y guía espiritual del grupo es Fausto (Franco Fabrizi). Un tipo que no sabe nada acerca de respetarse a si mismo o a los demás (especialmente las mujeres). Un especialista en estar con varias mujeres a la vez y presumir de eso con los otros inútiles. Su padre viudo es el encargado de financiar su agitada vida.

Como en todo grupo siempre hay uno que es pusilánime, justo es el más joven del grupo. Se llama Moraldo (Franco Interlenghi). El problema del muchacho es que no sabe decir “no” por lo tanto es un peligro andante, esto lo sabe Fausto y lo puede utilizar a su favor cuando quiera. Gusta de caminar solo por las noches y contemplar la belleza de la ciudad. En el caso de Moraldo, este es mantenido por sus padres.

Los inútiles tienen su propio cantante, se llama Ricardino (Riccardo Fellini). Es un tipo extrovertido, bien alegre y le gusta andar fastidiando a sus amigos. Al igual que Moraldo es mantenido por sus padres.

Leopoldo (Leopoldo Trieste) es el intelectual del grupo. Por las noches pone su música preferida, se sienta en el escritorio y se inspira para escribir comedias. Su musa es la empleada de la vecina del segundo piso. En el caso de Leopoldo es mantenido por sus tías.

Alberto (Alberto Sordi) es un vago total como Fausto y Moraldo. Le gusta emborracharse. En su caso, es mantenido por su madre viuda y su hermana.

Los inútiles parecen disfrutar de la vida y que los problemas económicos y las responsabilidades no fueran con ellos. Sin embargo la vagancia durante el día y la noche les empieza a abrir los ojos y a descubrir que las personas tienen secretos oscuros bien guardados. Pero no solamente “los otros” tienen algo oculto si no que ellos mismos esconden “secretos interiores” que ahora parecen revelarse. Ocurren dos sucesos que los hacen reflexionar: El día que su líder Fausto es prácticamente obligado a casarse y a trabajar y en fecha posterior cuando él inventa una mentira contra una mujer casada “que se hace respetar y no es jugadora”.


Fellini es un genio para contarnos historias de la vida, tan reales que nos lleguen al corazón. Usa la música de Nino Rota en escenas claves, muestra escenas del mar cuando más necesitan reflexionar los personajes, hace tomas directas (y acerca la cámara) al rostro cuando un personaje tiene que “gritar al mundo” una verdad de la vida (de esas que duelen). Cada actor que interpreta al grupo de los inútiles cumple con camaleonizarse en su personaje, en especial los actores que interpretan a Fausto y a Moraldo. El final de la película nos muestra que si tenemos claro que queremos hacer en la vida y trabajamos en función a ellos, nos hacemos maduros y  muy responsables por nuestro destino.

sábado 28 de enero de 2012

El Chico de la Bicicleta (Le gamin au vélo)

(Dirigido por Jean-Pierre Dardene y Luc Dardenne – Francia 2011)

“El niño inventa la vida, se golpea, pero desarrolla al mismo tiempo todas las facultades de resistencia. La infancia es el mundo que mejor conozco. Me siento mejor con un niño que con un adulto. Las personas están demasiado impresionadas por un papel social para ser verdaderamente sinceras. No puedo tener una conversación con ellas más que cuando hablamos de cine. Con los niños, por el contrario, puedo hablar de todo”
Francois Truffaut

Cyril Catoul (Thomas Doret) es un niño muy curioso, avispado e inteligente y dinámico. En esta vida tan dura para algunos, el destino ha querido que sólo tenga a su padre como su único familiar cercano. Lo que le da pena a Cyril es que su padre lleva un mes sin contestar el teléfono ni visitarlo, no entiende que puede haberle pasado. Los coordinadores del Internado Estatal donde vive el chiquillo le dicen que de seguro el papá se ha mudado a otro lugar. Cyril no acepta esa idea ya que de ser así, su padre le habría llevado la bicicleta que a él tanto le gusta, y eso no ha ocurrido.

El chiquillo es terco y persiste hasta el cansancio en buscar a su padre, quiere saber realmente que ha pasado. Es en esa búsqueda que conoce circunstancialmente a la joven Samantha (Cécile De France). Ella de inmediato establece empatía con Cyril, con sus ansias por saber que pasó con su bicicleta y con su padre. Cuando por fin encuentra a su padre, se da con una terrible realidad: Su padre no lo quiere tener consigo bajo el pretexto de que quiere iniciar de cero su vida y Cyril es un estorbo. El pobre muchacho quiere tirarse a la pista desde el auto de Samantha. Se abrazan y lloran juntos por como un ser humano es capaz de no amar a su propio hijo y pensar sólo en su maldito egoísmo.

Samantha se convierte en una mamá sustituta para Cyril, todo parece marchar bien hasta el día en que el chico tiene una pelea callejera y vence a un rival mayor. El líder de una banda juvenil ve talento e ingenuidad en ese rubiecito que gusta de los polos rojos, así que decide hacerlo parte de sus maquiavélicos planes. Eso si calladito y no contarle nada a Samantha. ¿Y ahora que sucederá con Cyril?


“El chico de la bicicleta” se encuentra entre las mejores películas del 2011. Es una cinta realista que conmueve hasta más no poder, sobre todo en los últimos 10 minutos donde nos brinda uno de los mejores finales de películas de todos los tiempos. El director de cine francés Francois Truffaut decía: “Las desgracias de los adultos me dejan insensible. Me parece estúpido que corran los riesgos que corren. Los adultos viven en una jungla, pero es culpa suya ya que ellos han creado esta jungla; por tanto, peor para ellos. Yo, como la mayoría de las mujeres, soy sensible a las desdichas de los niños”. El cine de Truffaut, al igual que el de los hermanos Dardenne, muestra una preocupación por los niños y el mundo en el que viven y en el cual descubren a cada instante cosas nuevas, entre esas cosas la bondad y la maldad. Por un lado Samantha encarna a aquella mujer que brinda por sobre todo amor al prójimo (la mujer es clave en la sociedad para el progreso de la misma) y por otro lado el líder de la banda juvenil refleja la maldad de algunos seres humanos que se aprovechan de mentes sanas. En el caso del padre de Cyril, él es el reflejo de la confusión actual (fruto del egoísmo) de muchos adultos que han olvidado que un día fueron niños y que algún día serán ancianos.”El chico de la bicicleta” es una película que merece verse, que alienta a luchar por nuestros ideales y sueños, que si caemos hay que levantarnos y nuevamente intentar ser mejores personas.

viernes 27 de enero de 2012

El Pisito

(Dirigida por Marco Ferreri e Isidoro Ferry – España 1958)

Los hombres tienen que hablar sin miedo.

Son finales de la década del 50 y en la ciudad de Madrid, Doña Martina (Concha López Silva), dama de “avanzada edad” pero “señorita” alquila un pisito constituido por 4 habitaciones y un baño. A su vez ella subalquila tres habitaciones: una al “calzonazos” de Rodolfo (José Luis López Vázquez), la otra al “experto en callos” Don  Dimas (José Cordero) y la última a la señorita Mery (Celia Conde) que por las noches tiene un “empleo decente” según piensa Doña Martina.

Doña Martina piensa que ya la muerte la está llamando, por lo cual ha pensado que lo mejor es dejarle su pisito a Rodolfo, para ella es un tipo decente. El problema es que las leyes dicen que “muerto el inquilino, el derecho es del propietario” entonces sus pretensiones son improbables …… a menos que exista un “lazo” entre ambos.

Pero ¿Quién es Rodolfo?. Es un buen hombre que tiene una novia eterna con la cual lleva una relación de 12 años. Petrita (Mary Carrillo), su novia, quiere casarse y tener hijos (antes que se le pase la hora….. por no decir que ya se le está pasando), pero quiere hacer todo en regla, piso incluido. Rodolfo es de aquellos hombres que siempre quiere que otros solucionen sus problemas por él, por eso Petrita dice que es un calzonazos. Al fin y al cabo su futuro lo está decidiendo ella y Doña Martina. Petrita se encuentra dispuesta a terminar definitivamente con Rodolfo porque “le ha dado los mejores años de su vida y sólo ha conseguido perder la ilusión y la vida” por esperar a que él se despabile y se ponga bien los pantalones. Petrita, cansada y a sabiendas que Rodolfo siempre va ser un calzonazos, piensa en una solución: “Que Rodolfo se case con Doña Martina”, al fin y al cabo la “señorita de avanzada edad” se encuentra pronta a morir, al menos eso es lo que ella piensa…… porque del dicho al hecho hay mucho trecho. Y por lo visto Doña Martina, más que pronta a morir es hipocondríaca, tal vez lo que necesita es el afecto de un hombre bueno como Rodolfo …. tal vez.


“El Pisito” es una comedia que nos muestra  la vida en los edificios. Los vecinos con el chisme y rajando de otros, el hacinamiento en algunos pisos por la abundancia de niños, los problemas por el uso de espacios, los gritos que te despiertan en la madrugada, etc. Vivir en un edificio es fuente de muchas historias por las interrelaciones que se dan en el día a día, como en este caso donde el amor puede surgir en cualquier momento y a cualquier edad.

lunes 23 de enero de 2012

Los Descendientes (The Descendants)

(Dirigida por Alexander Payne – USA 2011)

Los hombres se ven perturbados no por las cosas, sino por las opiniones sobre las cosas. Así que, cuando suframos impedimentos o nos veamos perturbados o nos entristezcamos, no le echemos nunca la culpa a otro, sino a nosotros mismos, es decir, a nuestras opiniones.
Epicteto

Matt King (George Clooney) es el tipo de hombre en el cual todos confían. A ojos de muchos su desempeño eficiente como abogado lo avala como un buen hombre, sin embargo “hay un detalle importantísimo” que él desconoce de si mismo: su esposa e hijas. Obstinado en manejar correctamente los negocios de sus primos King y su estudio de Abogados, se ha dedicado más de 20 años a esos quehaceres, olvidándose de brindar su compañía a sus hijas y esposa. Al acumular dinero se ha convertido en un hombre “muy ocupado”.

Se supone que él no quería hijas engreídas pero ¿qué ha conseguido Matt con esa actitud? La menor Scottie (Amara Miller) es lisurienta, no respeta a sus compañeras del colegio y tiene amistad con niñas que ven porno en la televisión. En cuanto a la hija mayor Alexandra (Shailene Woodley) gusta de andar con chicos mayores que se creen muy listos y andan en drogas. En lo referido a su esposa, ella ha optado por los deportes de riesgo y acaba de tener un accidente grave por el cual su salud está resquebrajada. Su familia está pasando por una crisis tremenda, Matt por fin recapacita y se da cuenta de que debe hacer algo, las preguntas son ¿qué hacer? ¿quién me puede ayudar? ¿cómo puedo salir de esto? ¿en quién debo confiar? Su primera medida es pedir ayuda a su hija Alexandra, la muchacha en un inicio no le presta atención pero luego al ver que su padre está confiando en ella, le da como retribución confiar en él. Lo hace reaccionar contándole un secreto sobre su madre que “pega en el alma de Matt”. Si hay algo que tiene la chica es que es fuerte de carácter, en estos tiempos ser débil te puede conducir al vacío. Lo incita a Matt a que él por si mismo vaya encontrando las respuestas a sus dudas, cuestiones existenciales y que se convierta en un hombre valiente, luchador, que no se amilana ante los golpes de la vida. Finalmente Matt descubre que los fracasos no son por culpa de los otros (su esposa, sus hijas, sus primos o el fulano de por ahí), los fracasos son producto de nuestras propias actitudes y decisiones, si no nos damos cuenta hoy y tomamos acciones preventivas y correctivas ya debemos ir considerando lo que va pasar en el futuro.

“Los Descendientes” nos muestra una sociedad en crisis, las familias parecen partidas y esto es algo serio. La base para que el mundo salga adelante son las familias, es ahí donde se van a forjar los hombres y mujeres del mañana. ¿Por qué? Porque la educación que impartan los padres mediante el ejemplo es lo que va ver ese niño o niña y lo van a repetir cuando sean mayores. Vivimos tiempos en que hablamos de innovación, para las familias, lo que se necesita actualmente es la “re-innovación de valores”: fomentar el respeto entre los miembros en vez de peleas o venganzas, fomentar la comunicación en vez del “quedarse callado y lo digo otro día”, aprender a cultivar la fuerza de voluntad  y finalmente “ser coherentes con lo que decimos y hacemos” ya basta de mentiras e hipocresías.

Buena película para el lucimiento de George Clooney y la grata aparición de Shailene Woodley.

lunes 16 de enero de 2012

La noche es húmeda

La noche es húmeda
 (Escrita por David Cotos – Perú 2011)

Ella dijo que conmigo no sentía nada, solamente sentía que le echaban un líquido.

La noche es húmeda en el invierno limeño, lo es más si trabajas de madrugada. Eso lo sabían muy bien Toribio Mendoza (conocido como Toro), Manuel Vidaurre (al que llamaban Perro), Martín Eguren (su apodo era Rata) los cuales eran taxistas que pertenecían a la Asociación de Transportes 2 de Mayo. En un grupo de automóviles tico de color amarillo ofrecían sus servicios en la Plaza Bolognesi en el horario comprendido entre la medianoche y las 8 de la mañana.

Ella también dijo que lo tenía tan chiquito y delgadito que parecía la pinguita de un bebé.

Toro: Ja ja ja. Rata, tú siempre hablando huevadas.
Los otros taxistas reían al igual que Toro, sólo Rata se encontraba serio.
Rata: En verdad ella dijo eso de mí.
Toro: ¿Será cierto entonces? Ja ja ja.
Rata: No, no no. Ustedes saben que tengo 4 hijos con mi ex-mujer. Eso me pasa por meterme con una cualquiera.
Toro: Ya te he dicho que te busques mujeres decentes, eso de entrar y salir por las alcantarillas no te lleva a nada, sólo te va traer problemas.

Perro, que se encontraba al lado de Toro, sonreía. Se calentaba con un cigarrillo y miraba el ambiente de la medianoche. Un vagabundo jalando unas cajas, un par de prostitutas bien arregladas de rostro, con minifalda en busca de parroquianos, una señora caminando apresuradamente y haciendo gestos de fastidio al ver el espectáculo de la medianoche.  Seguía repasando a cada personaje de la noche cuando observó a un tipo de unos cincuenta años que se estacionaba cerca  y luego caminaba en dirección hacia ellos. Era flaco, de cuello largo, los ojos medio salidos, cabello de color negro (a pesar de su edad) y bien peinado. Toro se acercó, le estrechó la mano y luego lo presentó.

Toro: Señores, con ustedes nuestro nuevo compañero de trabajo. El Señor Leonidas Olaechea.
El flaco les dio la mano tímidamente e hizo una mueca de sonrisa.
Toro: ¿Quién se anima a decirle las reglas?
Rata ni escuchó, más estaba prestando atención a una morena de blusa negra, pechos abultados y zapatos de taco blanco que le levantaban más el trasero. Perro de inmediato habló.
Perro: La primera regla es el respeto. Yo te respeto, tú me respetas. La segunda regla es aquí se viene a trabajar, no a huevear. Ahora te digo la tercera, espera un momento. Rata conchetumaquina ¿estás escuchando?
Rata: Si….. perdón.
El flaco se quedó pensando en las dos reglas y en lo que acababa de acontecer con el Señor Eguren.
Perro: Continuando. La tercera regla es la comunicación. Acá si tenemos que decirnos algo, nos lo decimos. Escucha, te pongo un ejemplo, supongamos que un cliente quiere irse a Chorrillos y no conoces muy bien la ruta, igual acéptalo, al toque nos llamas al celular y te decimos la mejor ruta. Eso si solapa con claves te decimos como llegar más rápido y cobrar más.
Al flaco le gustó la idea, seguía callado.
Perro: Oye ¿tú no hablas?
El flaco siguió callado, movió el labio inferior hacia arriba y ovaló los ojos.
Toro: Lo que pasa es que no lo hemos bautizado pues Perro.
Perro: Tienes razón.
El flaco por fin habló: ¿Bautizo?
Perro: Je je….. ven acá Pescuezo.
Diciendo esto Perro lo tomó por el cuello y lo colocó frente a su taxi.
Perro: Grita ¡Yo no tengo miedo! Vamos, hazlo.
El flaco estaba traumado, inclusive pensando en renunciar a lo que ni siquiera había empezado.
Perro: ¿Qué carajos, te pasa? Grita ¡Yo no tengo miedo!
El flaco gritó: ¡Yo no tengo miedo!
Perro: Eso está bien. Una vez más.
El flaco volvió a gritar con una furia incontenible: ¡Yo no tengo miedo!

Los aplausos no se hicieron esperar por parte del público. El vagabundo saltaba con sus cajas en la mano y gritaba: ¡Pescuezo!, ¡Pescuezo!, ¡Pescuezo!. Las prostitutas aplaudían y decían: ¡Bravo! ¡Bravo! y miraban coquetamente al nuevo. La señora que siempre caminaba a esas horas susurraba en voz baja al viento: Locos de mierda.

Toro: Eso es Pescuezo, eres de los nuestros.
Pescuezo: ¿Por qué me llaman Pescuezo? Mi nombre es Leonidas, no me gustan los apodos. Quiero respeto.
Perro: Y lo vas a tener. Pero primero debo informarte que acá usamos puras claves para comunicarnos, entre ellas el uso de apodos entre nosotros ¿entiendes? Yo soy Perro, Toribio es Toro y Martín es Rata.
Pescuezo: Todos tienen apodos de animales. ¿Por qué me has puesto Pescuezo?
Perro: El vago ese de ahí escuchó cuando te jalé al taxi y te dije Pescuezo, fue de casualidad. Igual me gusta el apodo. ¿Ustedes qué dicen muchachos?
Toro y Rata alzaron sus dedos pulgares en señal de aprobación.

A la 1 de la mañana, llegó al Paradero una Custer que venía del Centro. Bajaron muchas personas, en su mayoría contadores, administradores y economistas que laboraban hasta altas horas de la noche. El paradero era un punto de conexión para que algunos de ellos tomaran taxi y otros tomaran combis para llegar finalmente a su vivienda. Rata y Perro cogieron clientes y se marcharon. Toro le dijo a Pescuezo que lo buscara a las 9 de la mañana, al momento de entregar sus vehículos al Coordinador de la Asociación de Transportes. En ese instante un hombre con maleta se subió al carro de Toro y se marcharon.

Todo fue tan rápido que Pescuezo se fastidió por el recibimiento de sus compañeros, pero era realista, le faltaba empleo y ser taxista de madrugada implicaba no solamente un trabajo sino una mayor ganancia que taxear de día. Buscó su automóvil y empezó a laborar. Las horas siguientes subieron al vehículo un practicante de una empresa de prestigio que se quejaba de que su jefe lo explotaba y un tipo que recibía mensajes de texto a cada rato de su mujer celosa. En la última carrera le tocó una joven que sufría porque su enamorado la había dejado por otra.

A la hora acordada, Toro y Pescuezo entregaron sus vehículos y recibieron su porcentaje de las ganancias por el día de trabajo. Toro le dijo a Pescuezo para tomar un caldo de gallina en Paseo Colón.  Al sentarse en la mesa, Pescuezo notó que Toro llevaba un aire perdido en su mirada.

Pescuezo: Te veo triste. ¿En qué piensas?
Toro: En que cuando uno dice las verdades …. nadie lo quiere.
Pescuezo: A ¿qué te refieres?
Toro: No te ha pasado que le has dicho la verdad a alguien y esta persona se ha sentido ofendida.
Pescuezo: Siempre.
Toro: Y lo dices así todo tranquilo. ¿Eres casado?
Pescuezo: Soy viudo.
Toro: ¿Tienes hijos?
Pescuezo: Cuatro.
Toro: Igual que Rata. Ustedes han sido bien productivos.
Pescuezo: Ji. ¿Y tú?
Toro: Yo también soy viudo, como tú, sólo que no tengo hijos.
Pescuezo: Al menos tenemos algo en común.
Toro: Yo diría que dos cosas en común.
Pescuezo: ¿Cuál es la otra?
Toro: A mi también me gusta decir las verdades.
Pescuezo siguió tomando su sopa calientita. Afuera la neblina y el ruido de los autos invadían la ciudad. Toro le enseñó las claves que tenían con Perro y Rata para cuando tuviera dudas sobre rutas y llamara por el celular.  Le entregó un papel con el decálogo del buen taxista y para finalizar dijo algo bien extraño.
Toro: Un hombre es amable con una mujer y ellas ya se creen que uno está enamorado de ellas.
Diciendo esto se desapareció en medio del tumulto de estudiantes que transitaban por la Avenida Wilson. Pescuezo se abrigó el cuello con su chalina y se fue a dormir.

Al llegar la noche, Pescuezo y Perro coincidieron en recoger sus respectivos vehículos.
Perro: ¿Qué tal tu primer día?
Pescuezo: Todo bien. Con Toro nos fuimos a tomar un caldo de gallina. Sabes ¿qué pasa con él?
Perro: ¿Por qué lo preguntas?
Pescuezo: No se, habla medio raro sobre una mujer.
Perro: ¿Te ha contado su historia?
Pescuezo: Sólo me ha dicho que es viudo y le gusta ser honesto.
Perro: Toro es un tipazo. Luego que su mujer murió, decidió que no se iba a convertir en un amargado. Paso el tiempo y se transformó en un tipo bien galante con las mujeres, lamentablemente muchas malinterpretaron, como que él quería una relación con ellas y terminaron jodiéndolo porque hablaron tonterías que sólo provocaron que él se convirtiera en un tipo reactivo con ellas.
Pescuezo: Pobre Toro.
Perro: Si pues. Nos vemos.

Pescuezo llegó a la Plaza Bolognesi y se dio cuenta que a unos metros, cerca de la Iglesia, Toro discutía con una mujer. Parecía que ella gritaba y Toro se llevaba la mano a la cabeza a cada rato. Luego de unos minutos, la mujer que por cierto no era nada atractiva, se fue en dirección hacia el mar. Toro pasó por el costado de Pescuezo y como si no hubiera pasado nada y en una actitud serena, le dijo: “Hoy va ser un gran día”.

En efecto fue un gran día, a Toro lo contrataron para que llevara a un tipo al Aeropuerto y ahí le salió una carrerita para trasladar a unos gringos a Miraflores. Le pagaron muy bien. Al momento de entregar su vehículo se encontró con Pescuezo y le contó lo bien que le había ido. Pescuezo, en cambio a las justas le había salido una carrera al Cono Norte.

Pescuezo: Hoy yo invito. Unos chicharroncitos aquí en Don Lucho.
Toro: Ay que ricoooo. Perfecto, maestro.

Pescuezo y Toro tomaron un microbús que los llevo a Pueblo Libre para comer sus panes con chicharrón y su tecito. En el camino conversaban acerca de las alucinantes conversaciones con sus distintos clientes.  Pescuezo le comentó a Toro sobre una mujer que tenía una cara llena de barros y la nariz media chueca, aprovecho ese momentó para hacerle una pregunta sobre el asunto a Toro, al fin y al cabo tenía curiosidad por lo que había acontecido a medianoche.

Pescuezo: ¿Existen las mujeres feas?
Toro: No. Sólo existen las mujeres sin plata. ….. ja ja ja. Es una broma. La verdad es que para mi casi todas las mujeres son bellas ya que cada una tiene algo especial, es decir, una gracia particular. Y digo casi porque aquellas que se pueden llamar feas, fueron bellas alguna vez, su problema es que con sus actitudes se volvieron feas. No se si me dejo entender.
Pescuezo: Hummmm. No tengo una visión tan amplia de la belleza como tú, pero si te entiendo.
Toro: ¿Por qué me hiciste la pregunta? Seguro por la flaca con quien me viste anoche ahí en la esquina.
Pescuezo: Pues si.
Toro: Dilo, no más. Para ti es una fea ¿verdad?
Pescuezo: Pues si.
Bajaron del bus, caminaron unos metros y entraron a Don Lucho. Les trajeron rápido el pedido y lo disfrutaron el pan con un placer sin igual. Mientras iba devorando su pan, Toro le dijo a Pescuezo
Toro: Esther, así se llama la chica con la que me viste, para mi era la más hermosa del mundo. Un día pasamos de amigos a pareja y ahí se malogró todo.
Pescuezo: ¿Por qué?
Toro: Porque ella era, mejor dicho es, ninfómana.
Pescuezo: ¿En serio?
Toro: Si. Muy desgastante, al menos para mi edad, ya no estoy para esos trotes. Eso se lo dejo a Rata, él si que se encuentra en edad de bombear.
Pescuezo: ¿Bombear?
Toro: Claro, pues tú sabes.
Toro hizo un puño con la mano derecha y luego hizo un movimiento rápido y giratorio de izquierda a derecha.
Pescuezo: Ja ja ja.
Toro: Hay gente que no sabe lo que es el amor.
Pescuezo: ¿Qué es el amor?
Toro: Cuando tu cara se pone con granitos rojos … y sudas te respondería Rata. Cuando tú te atreves a todo por ella y ella se atreve a todo por ti, te respondería Perro (lo envidio, ese si que ha hecho un buen matrimonio, su mujer es lo máximo, se complementan de una manera increíble, además los dos tienen un carácter sin igual). En cuanto a mi: el amor es tener tolerancia con los defectos y virtudes de tu pareja.
Pescuezo: ¿Tolerancia?
Toro: Claro, de no haber tolerancia el final seria más próximo porque tú y yo sabemos que el amor siempre tiene una fecha final.
Pescuezo: Correcto.
Pescuezo recordó por un momento a su finada esposa.
Pescuezo: ¿Qué opinas de la infidelidad?
Toro: La infidelidad es para los cobardes. A una mujer se le ama en forma total, intensa y apasionadamente. Eso de buscar partes en otras, nunca fue conmigo.
Pescuezo: Asu que bravo. Eres un romántico.
Toro: Amé a mi esposa como ningún hombre lo hizo en la tierra con mujer alguna. Luego fui atento con varias mujeres, sin buscar nada a cambio y lo tomaron a mal. Finalmente conocí a Esther y me enamoré otra vez, lo malo es que no somos compatibles, me cegué antes de tiempo.
Pescuezo: Entiendo. ¿Quién fue para ti la mujer más bella que conociste en tu vida? ¿Esther o tu primera esposa?
Toro: Mi madre.
Al hablar de su madre, Toro puso de pronto una mirada triste..
Pescuezo: ¿Tu madre?
Toro: Si, ella si que era bella. No existe amor más grande que el que se siente por la madre.
Pescuezo: ¿Alguna vez le dijiste a tu madre cuanto la amabas?
Toro. Un día le dije unas palabras de Benedetti que decían “te quiero porque tus manos trabajan por la justicia”.
Pescuezo: Hasta poeta me saliste.
Toro: Ja ja.
Pescuezo: El mundo necesita que la gente vuelva a amar.
Toro: Si. Se han perdido los valores esenciales, es momento de volver a cultivar el bien, la verdad, la justicia, la caridad y otros más.
Pescuezo: Muy cierto.
Terminada la conversación y con la promesa de Pescuezo de contar su historia de amor la próxima vez, se despidieron.

Unos días después se reunieron a desayunar pan con camote y leche, estuvieron en esta oportunidad los cuatro compañeros de trabajo. El punto que eligieron fue la Avenida Alfonso Ugarte, cerca al Colegio Guadalupe.

Pescuezo: Antes de contarles mi historia, quiero saber el origen de sus apodos.
Toro: El mío es porque miro de frente y me enfrento a los problemas de la vida.
Perro: Por lo querendón y nada cojudón.
Rata: Sencillo, soy un pendejo.
Pescuezo: Perro bien curioso lo que dices.
Perro: Es la verdad.
Pescuezo: Todos ustedes son amantes de la verdad.
Rata: ¡Dios me libre!
Todos se rieron.
Pescuezo: ¿Por qué dices eso?
Rata: Hay que mentir siempre, si no como voy a triunfar en la vida.
Toro: No le hagas caso a Rata, creció sin buenos ejemplos en su familia, así que hizo lo que hacen muchos.
Rata: ¿Qué hice?
Toro: Ser como los otros quieren que seas y no como lo que realmente quieres tú. Comportarte como un títere, como un ser manipulable.
Rata: A si, yo soy así. Ustedes son raros y porque gustan hablar de las verdades van a terminar solos. Tú por ejemplo Toro, ya fuiste.
Toro: Sabes Rata, no me afectan tus palabras, ofensas, o como quieras llamarlo.
Perro: Ya carajo ¡cállense!. Hemos venido a escuchar a Pescuezo o a cojudear.
Toro y Rata hicieron silencio. Pescuezo empezó a contar su historia.

Pescuezo: Me casé muy joven con Adriana, tuvimos cuatro hijos. Parecía un matrimonio como el tuyo Perro, es decir nos llevábamos de maravillas, al menos eso pensaba yo. Un día, tras 25 años de matrimonio, ella me dijo que estaba enamorada de otro hombre y que se marchaba. No se imaginan como sufrí, al enterarme de la traición y quedarme sólo con mis hijos. El tiempo lo cura todo. A los dos años ya había rehecho mi vida cuando Adriana apareció pidiéndome disculpas y que quería volver conmigo.
Rata: Lógico que la mandaste bien lejos …… me imagino.
Pescuezo: No. Ella se encontraba  enferma de cáncer, le faltaba poco tiempo para morir. No tuve ningún problema en aceptarla, nada de rencores o venganzas. Al fin y al cabo era la madre de mis hijos. La cuide como se cuida a una bebé, le daba el desayuno, almuerzo y comida. Por las noches le contaba cuentos y películas. Tras ocho meses murió.
Perro: Que vida la tuya…….
Toro: ¿Te has vuelto a enamorar?
Pescuezo: Hace unos meses conocí a una mujer divorciada.
Rata: Esas son las mejores.
Toro: ¿Por qué dices eso Rata?
Rata: Tienen experiencia … ji ji.
Toro: Como me das pena.
Perro: Y ¿están de amores?
Pescuezo: Si.
Perro: ¿Cuándo te ha dicho que se ha divorciado?
Pescuezo: Me dijo que casi al mismo tiempo que nos conocimos, o sea hace tres meses.
Perro: Y tan pronto quiere estar contigo. Ahí hay algo raro. Pescuezo, tú eres un hombre bueno. Yo creo que te están manipulando.
Toro: Opino lo mismo.
Rata: Gózala…..
Perro y Toro lo fulminaron con la mirada a Rata, ya no volvió a hablar en lo que quedó del tiempo para terminar el desayuno.

Los meses fueron pasando, los cuatro “ahora” amigos se comunicaban bastante y eran los taxistas estrellas de la Asociación. Pescuezo siempre contaba a sus compañeros lo bien que le iba con Juana, su “ahora” novia. Era extraño pero nunca la había presentado, porque ella siempre le había dado una excusa para no estar con sus amigos. Sin embargo un día Pescuezo llevó una foto de la susodicha.

Pescuezo: ¿Quieren ver una foto de Juana?
Rata: Pues claro.
Pescuezo les mostró la foto que se habían tomado un martes afuera del Cine Star de Breña. Juana era una mujer de unos 30 años, de carnes en su lugar y de mirada pícara.
Rata: Eres un campeón Pescuezo.
Toro se llevó la mano a la cabeza y mantuvo silencio.
Perro: Te puedo ser sincero.
Pescuezo: No.
Perro: Bueno, yo sólo quería decir lo que pienso.
Pescuezo: Ya me imagino, no interesa ya.
Perro: ¿Por qué no interesa ya?
Pescuezo: Juana me ha convencido para que deje mi casa y me vaya con ella a su tierra, ella es de Huancayo. Este martes nos reunimos en el Terminal de Fiori y nos vamos.
Perro: ¿Y tus hijos?
Pescuezo: Ya están grandes, se pueden valer por si mismos, además les dejo una casa propia.
Toro: Igual necesitan un padre.
Pescuezo: Juana me ha dicho que es mejor dejarlos. Además ella a sus dos hijos pequeños los va dejar con su ex–esposo.
Perro: Por lo visto Juana está decidiendo todo.
Pescuezo: Ella es una mujer muy inteligente. He aprendido tanto con ella.
Rata se tapó la boca (por dentro se reía y alucinaba harto).
Pescuezo: Trabajo hasta este Lunes muchachos. Ha sido muy grato conocerlos. Realmente los aprecio.

Esto había ocurrido la medianoche del Jueves. El viernes Toro tenía la mirada perdida, Perro se dio cuenta y le preguntó que pasaba.

Perro: Desde ayer te veo preocupado ¿Qué te pasa?
Toro: Es por Pescuezo.
Perro: Bueno, hombre, tú ya sabes todo tiene un final, nada dura para siempre como dice Héctor Lavoe.
Toro: No es solamente eso.
Perro: ¿Entonces?
Toro: Yo se algo que no se como contarle a Pescuezo.
Perro bajó la voz y le susurró que le contara a él.
Pescuezo: Hace unos días  un primo me dijo para ir donde una tía que vive por la Avenida Venezuela. Estuve ahí aburriéndome largo rato hasta que llegaron unas amigas suyas, entre ellas Juana.
Perro: La Juana de Pescuezo.
Toro: Exacto. Y no llegó sola, vino acompañada de su “marido”. Hacían el espectáculo de la reunión, se besaban y sobaban.
Perro: O sea que sigue con el marido y a Pescuezo lo tiene de vacilón y cojudón.
Toro: Si.
Perro: Si te complica tanto contarle, yo le cuento.

Esa misma noche Perro le contó a Pescuezo. Este último no le creyó (o mejor dicho no quiso creer).
Perro: Hay fotos en el Facebook maestro. Pidele a Toro para que te muestre. Yo ya verifiqué, es Juana.
Pescuezo: No me jodas.
Perro: Hay mujeres que se hacen las santas pero son tremendas pecadoras.
Pescuezo: No me jodas. Chau.

Pescuezo no se apareció más los tres días que faltaban para el término de su contrato. El día martes sin decirle nada a sus hijos, Pescuezo se fue al Terminal.

No llegaba Juana. El frío era incesante. No llegaba Juana.

Cuando por fin apareció Juana, no lo hizo sola, llegó acompañada por sus dos hijos.
Leonidas: ¿Por qué has venido con ellos dos? Nosotros acordamos que nos íbamos solos.
Juana: Mi amor, lo que pasa es que me dio pena dejarlos solitos y tan pequeños aquí en Lima. En cambio los tuyos son grandes, no hay problema.
Leonidas: Nosotros tuvimos un acuerdo y tú lo incumpliste.
Juana: Cariñito no te molestes por gusto, y apresurémonos que ya parte el bus.
Leonidas: Antes de irnos, quiero que veas esto.
Juana: No hay tiempo ¿Qué me quieres mostrar?

Leonidas sacó un sobre con revelados fotográficos. Extrajo las fotos y se las mostró a Juana. En dichas, exactamente 11 fotos, aparecían Juana y su marido apachurrándose rico en un calle de Breña, había una fecha para las fotos (eran de hacía dos días).
Juana no supo que decir.
Leonidas la miró con rabia y tristeza.

El miércoles a la medianoche Pescuezo volvió a trabajar con Toro, Perro y Rata.

martes 10 de enero de 2012

Pescador de Ilusiones (The Fisher King)

(Dirigida por Terry Gilliam – USA 1991)

Las mujeres son geniales. Una mujer que te ama, te hace seguir adelante, te da fuerza, te hace sentir que puedes hacer cualquier cosa.

Jack Lucas (Jeff Bridges) es el rey de la radio. Su programa es sintonizado por un público ansioso por escuchar chismes y además burlas sobre las personas. Jack se siente un todo poderoso que siempre va estar en la cima y nunca nada malo le va pasar. Según él, el mundo se encuentra lleno de estúpidos. Entre las muchas llamadas que recibe, siempre hay una diaria de un tipo que solicita consejos de amor porque le va mal en ese asunto. Jack, que para él las mujeres son para pasar el rato y punto, le dice un día al tipo que su problema es que se enamora de chicas que sólo buscan placer y que no conocen el amor ni les interesa. Aquella mañana Jack cierra su programa diciendo a los radioescuchas: “Gracias Dios mío por ser yo quien soy”.

Llevar una vida de lujo y vanidad le fascina a Jack … hasta una noche que mirando la televisión se entera que aquel hombre que le llamaba todos los días a la radio, había cometido 7 asesinatos (a mujeres) en recuerdo de las palabras de Jack. La vida cambia para Jack inesperadamente.

3 años después, en una tienda de alquiler de videos trabaja Jack. La dueña Anne lo ama, por supuesto que la gente no entiende que le ha visto a ese pobre miserable que se para emborrachando y se queja de las personas. A Jack le gusta pasear por las noches, a su criterio es mejor que ver los programas de televisión, la gente que lo observa piensa que es un vago por la facha lamentable que carga siempre. Inclusive un niño le regala un muñeco de Pinocho para que sea más feliz, el niño sabe muy bien que ese hombre es un amargado. Jack se pone a contarle a Pinocho sus tristezas, sus desgracias, sus fracasos y le remata diciendo “que la maldita felicidad no existe”.

Es en esas circunstancias que Jack opta por el suicidio, ya la vida, para él, no vale la pena. Cuando va lanzarse al río, unos maleantes lo agarran y lo golpean. Ellos mismos le echan gasolina dispuestos a prenderle fuego pero la vida le quiere dar la oportunidad de ser feliz a Jack porque aparecen una serie de vagos liderados por un tipo chiflado que se hace llamar Parry (Robin Williams) y los ahuyentan a los maleantes.

Jack, aquel tipo egocéntrico y sin fuerza de voluntad, se empieza a convertir en un ser humano gracias a que Parry comienza a mostrarle el camino para encontrar la felicidad en los detalles hermosos de la vida, en el saber amar a una mujer y en el respeto que se debe tener por uno mismo y por los demás.

Pescador de Ilusiones es una película que alienta a la felicidad. Vivimos tiempos de crisis de todos los tipos y en especial la crisis de valores. Lo bueno es visto como malo y lo malo es visto como bueno. Las personas dicen algo y quienes les escuchan se quedan con lo peor, lo negativo. Hay que cambiar esto. Es hora de alentar lo positivo. Es hora de alentar el amor, pero no el de unas horas, sino el amor de cada instante, cada segundo, cada minuto por tu pareja, por tus hijos, por tu entorno y por tu prójimo en general ya que  “si ayudamos a otros, nos ayudamos a nosotros mismos, esto nos conduce a la felicidad”