Simin: Bueno, me llevo a Termeh.
Nader: No tienes vergüenza. Usas todo esto que está pasando
para presionarme.
Simin: Me preocupa Termeh…..
Nader: Termeh quiere vivir aquí, y tiene que ir a la
escuela.
Simin: ¿Para aprender qué? ¿Peleas y conflicto?
Nader: No, para aprender a no ser una cobarde como tú.
Para no salir corriendo cada vez que
alguien le grita. Y saber con quién vérselas y con quién no.
Simin: Si, soy cobarde.
Nader: Ese es tu problema. Cada vez que surge una dificultad
… en vez de enfrentarla, sales corriendo, o alzas los brazos y te rindes.
Termeh (Sarina Farhadi) se encuentra por cumplir la edad de
11 años, es una niña estudiosa, inteligente y muy reflexiva. Es de un carácter
introvertido, lo cual le permite analizar y juzgar la conducta de sus padres.
Su madre Simin (Leila Hatami) ha conseguido una visa para viajar al extranjero
y pretende hacerlo pronto con toda su familia. Pero existe un problema, su esposo
Nader (Peyman Moadi) no pretende dejar Irán. Para él, lo más importante es
cuidar a su padre que sufre el mal de Alzheimer, no lo puede abandonar por
ningún motivo.
Simin establece una demanda de divorcio, su propósito es
llevarse a Termeh con ella. Simin reconoce que Nader es un buen y sensato
hombre pero que su suegro “ni siquiera reconoce a las personas” así que no
entiende porque se preocupa tanto. Nader dice que su padre no lo reconocerá
pero que él “si lo reconoce”. Accede a separarse de Simin pero no autoriza a
dar permiso para que Termeh se vaya con su madre.
La pregunta clave es: ¿Qué será mejor para Termeh? ¿Tener
padre y madre en Irán, o vivir sin padre en otro país? Lo que pasa es que
muchas veces los padres, egoístamente, piensan en sus problemas personales y no
en el dolor, la angustia y la inseguridad que originan en los hijos, con sus
decisiones.
“Una separación” es en definitiva la mejor película en
lengua no inglesa del año 2011. Existen muchas razones (dirección, guión,
actuación) voy a detenerme en este último punto. La actuación es sobresaliente.
¿Por qué? Porque se nota un trabajo en equipo por parte de los actores, nadie
pretende ser el “mejor”, todos apuntan a un solo objetivo: dar lo mejor de si
mismos para que a partir de ahí tener como resultado una buena película. El
actor Peyman Moadi carga con un personaje que debe mostrar una seguridad en si
mismo a prueba de todo, lo cumple a cabalidad. La actriz Leila Hatami nos llega
a caer mal, lo cual es positivo porque su personaje precisamente debe reflejar
a una mujer cobarde que piensa que huyendo de los problemas se encuentra la
felicidad. La niña Sarina Farhadi usa los silencios y las miradas para
redondear una buena actuación haciendo de hija de la pareja principal. Y digo pareja
principal porque “Una separación” nos presenta, también, la interrelación con
una pareja secundaria (también compuesta por padre, madre e hija), que actúa
muy bien (sobre todo Sareh Bayat quien interpreta a la abnegada madre que, por
tener un trabajo y llevar un dinero para su esposo desempleado e hija pequeña, acepta
cuidar al anciano con Alzheimer). Por cierto este encuentro entre ambas
familias es clave para el desarrollo de la historia hasta el final de la misma.
“Una separación” es una película que nos habla del gran
problema actual en una relación de pareja (a nivel mundial): LA FALTA DE
COMUNICACIÓN. “Una separación” es una película que merece ser vista y analizada
por todos.



















