lunes, 17 de octubre de 2011

La Hamaca Paraguaya

(Dirigida por Paz Encina – Paraguay 2006)
El que tiene miedo se muere pronto
Ramón (Ramón del Río) y Cándida (Georgina Genes) caminan por el bosque. Es el inicio del día pero ya hace un calor tremendo. Caminan despacio como disfrutando cado paso que dan. Arman una hamaca entre dos árboles y empiezan a conversar. Tienen una gran preocupación: Su hijo. El muchacho se ha ido a la guerra y el más grande deseo de ambos es que vuelva. Ella lo ve difícil, él tiene esperanza y sabe que la esperanza es lo último que se pierde. Una perra ladra y ladra y los interrumpe en su charla, es la perra que les dejó como herencia su hijo antes de partir al campo de batalla. A Cándida le fastidia el ruido de la perra, Ramón no se fastidia porque sabe que es lo único que le queda de su hijo.
Conforme transcurre la mañana, ambos van trabajando en el campo y recordando la charla que sostuvieron, cada uno por su lado, con su hijo antes de que él parta hacia la guerra. El muchacho tenía miedo, mucho miedo de morir. Ramón le decía que la muerte tarde o temprano nos alcanza, Cándida presentía algo y le decía a su hijo que  se escondiera, como lo hacían otros.
Al mediodía vuelven a la hamaca y conversan. Ellos dos se aman, son el uno para el otro, saben que la base de un matrimonio es la comunicación y que lo peor que te puede pasar en la vejez es que te dejen solo, triste y abandonado. Cándida descubre que la perra está enferma y le sugiere a Ramón que la lleve al veterinario, a él le extraña de pronto cuanto amor a la perra, ella que siempre se para quejando.
Es aquella tarde que no llega la lluvia, cuando nos enteramos que ha pasado con el hijo de Ramón y Cándida. Aún queda la noche y la conversación en la hamaca para que Ramón y Cándida se sinceren.
Primera cinta paraguaya que veo y que me atrapó por la belleza y naturalidad de los personajes y por ese color verde de su hábitat. El verde que es el color de la esperanza. La película se sostiene en esas voces de los dos personajes principales narrándonos un día en su vida. Uno quiere saber qué ha pasado con el hijo de ambos, esa es la intriga, si ha muerto o no. Una vez que la película nos dice que ha pasado, nos surge una nueva intriga ¿Qué van hacer ellos?

viernes, 14 de octubre de 2011

La Condesa Descalza (The Barefoot Contessa)

(Dirigida por Joseph Mankiewickz – USA 1954)

Me miró lo que dura un latido de corazón. Supe que la recordaría por el resto de mi vida.

Es el funeral de María Vargas (Ava Gardner) y alrededor de su lápida abundan más los hombres que las mujeres. Fueron hombres que la conocieron, que la amaron, que tuvieron ese placer de intercambiar miradas, charlas y quizá algo más con ella o quizá nada.

Entre ellos se encuentra Harry Dawes (Humphrey Bogart), escritor, director de cine, y filósofo en potencia (tiene frases que lo distinguen: “La vida, a veces, se comporta como si hubieras visto demasiadas películas malas”, “Un guión debe tener sentido. La vida no”). Fue el autor de que la gran María fuera la actriz estrella de Hollywood a lo largo de 3 exitosos largometrajes. Todos los hombres la desearon. Él fue sólo su amigo y confidente.

También ha asistido Oscar Muldoon (Edmond O’Brien), el hombre de relaciones públicas de la productora cinematográfica donde trabajaba Harry. Oscar era un tipo adulón de los ricos que solamente pensaba en su bienestar, por eso cuando conoció a María vio en ella una mina para explotar (por la cantidad de dinero que ellos iban a obtener por la participación de ella en sus películas).

No podía faltar el Conde Vicenzo Torlato-Favrini (Rossano Brazzi), el único hombre que la amó en esta vida (el príncipe azul de las historias de amor).

La pregunta que nos hacemos es: ¿Por qué todos estos hombres hablan de ella en el funeral como si se tratara de una mujer que no amaba a nadie pero que cuando se enamoró, murió?

“La Condensa Descalza” es una de las mejores películas del director Joseph Mankiewickz. El filme nos lleva de la mano para contarnos la historia de una mujer en la voz de cada hombre que fue impactado por ella. Nos engancha de principio a fin, ojo con el inesperado final. Es un homenaje al romance, a los cuentos para niños ya que María se creía la Cenicienta (odiaba los zapatos ya que amaba tener los pies bien puestos en la tierra).

El personaje de María tiene tantos misterios, que uno también se enamora de ella. Uno quiere conocer todo de ella, estamos atados a su historia, no queremos despegarnos ni quitarle los ojos, nos envuelve y nos hipnotiza, el único que no tiene venda en los ojos es Harry y él nos va dando avisos durante la cinta de quien es en realidad María y los peligros que entraña su a veces actitud infantil. Es que María es de las mujeres a las que les dices “A” y ellas te dan la contra y hacen “B”. Con ella había que andar con cuidado por más que a veces ella se mostraba como una mujer tierna y hasta virginal, no te podías dejar engañar. Ella realmente era capaz de amar ¿o no?

Aplausos para Mankiewickz, que fue un genio para hablar de las mujeres en el cine y  desmenuzar su comportamiento hasta el más mínimo detalle.

lunes, 10 de octubre de 2011

Desayuno con Diamantes (Breakfast at Tiffany’s)

(Dirigida por Blake Edwards – USA 1961)


Había una vez una muchacha muy encantadora y muy asustadiza que vivía solamente acompañada por un gato sin nombre.

Es de madrugada y Holly Golightly (Audrey Hepburn) baja de un taxi, justo lo hace en frente de la Joyería Tiffany. A Holly las joyas le importan un bledo, excepto los diamantes. Por eso a esas horas de la mañana disfruta observando las piedras preciosas que se exhiben tras la vidriera. Eso le reporta un placer superior al que le brindan todos esos hombres que le pagan $ 50 dólares por “ir al tocador”. Ella le llama canallas a esos hombres, en total ese mes la “han invitado a cenar” un total de 27 canallas.

Holly piensa que si se casa con un millonario, la vida se le va arreglar. Tiene un departamento donde vive con un gato sucio, viejo, celoso y al que no le ha puesto nombre (lo hará el día que consiga un marido, según ella). Es una muchacha muy desordenada y triste como la canción “Moon River” que suele cantar en la soledad que embarga su vida. Puede tener un millón de amigos pero ninguno es su amigo en realidad. Para ganarse la vida, además de canallas, se gana $ 100 dólares semanales por visitar los jueves a un viejo solitario que purga condena en una cárcel.

Una mañana, llega a su edificio el joven escritor Paul Varjak (George Peppard). Él tiene algo en común con Holly, también es un pobre diablo que se gana la vida con una canalla que lo mantiene por $ 300 dólares por “sesión de felicidad”. En el pasado Paul escribió un libro de cuentos caracterizados por ser agresivos, sensibles e intensos. Sin embargo, luego dejó de escribir más por dejarse seducir por lo fácil.

Los caminos de Holly y Paul se cruzan. Ella con sus sueños de criar caballos en México con su hermano. Él con sus sueños de escribir una novela sensible y seria como él. Ella piensa que si Paul tuviera dinero, se casaría con él al instante. Paul piensa que Holly es una chica que no puede ayudar a nadie, ni siquiera a si misma, sin embargo él si puede ayudarla porque eso le haría sentir bien. Realmente en ese intercambio de amigos, Paul se está enamorando de ella, sin embargo es consciente que ella es una cobarde para amar por eso le interesa tanto la protección que le pueda brindar el dinero.

El día que Paul descubre el pasado que Holly no le había contado acerca de ella, persiste en seguir ayudándola. En verdad la ama, la cuestión es si ella será capaz de amarlo.

Audrey Hepburn no es dueña de un físico espectacular, ese que le gusta tanto a Hollywood, pero ni lo necesita, ello sólo requiere ser ella misma para hechizarnos con su personalidad. Inolvidable película romántica con una banda sonora increíble de Henry Mancini.

sábado, 8 de octubre de 2011

Diario de un Cura Rural (Journal d’un curé de Campagne)

(Dirigida por Robert Bresson  – Francia 1950)

Los justos sólo pueden ser juzgados por Dios

A un pueblo apartado del mundo, llega un cura (Claude Laydu) muy joven. Es la primera parroquia que le otorgan, para él es todo un reto el que se le presenta. Hay que indicar un detalle, él goza de mala salud pero no se lo cuenta a nadie. Cuando le preguntan por su aspecto todo ojeroso y sudoroso, él dice que lo que tiene es problemas de un estómago caprichoso. Debido a su enfermedad, él ha suprimido el consumo de carne y verdura, suplantando estas comidas con pan mojado en vino. El cura sufre mucho con esos dolores en la boca del estómago que siempre lo aquejan, es un tipo al que se le nota el dolor inmediatamente ya que tiene ojos de hombre bueno, de hombre fiel. Es un idealista, sin espíritu práctico en absoluto, es de los que piensan que hay que hacer algo por el mundo, en un pueblo así se puede hacer mucho, sólo necesita que las autoridades le den una mano. Diariamente apunta en un cuaderno todas sus ideas y los sucesos que le ocurren.

El joven sacerdote comienza a darse cuenta en los primero días lo complicado de su delicada labor cuando un tipo se le acerca a solicitarle que se celebre el funeral de su esposa pero quiere pagar una suma irrisoria. Acude a un cura viejo (Andre Guibert) y experimentado de un pueblo vecino y este le dice que es muy joven (un niño metido en el cuerpo de un hombre) y egoísta, que todavía le faltan años para comprender que los 3 aspectos básicos que deben cumplir los sacerdotes son el respeto, la obediencia y el orden. Él sólo busca unas palabras de compasión, de ternura pero no recibe eso, sólo reproches por su juventud. Por su mente pasa que hubiera pasado en su vida si en vez de la ordenación hubiera preferido “el amor de una mujer”.

Ya de regreso en su pueblo, es objeto de burla por un grupo de niñas que asisten a las clases de catecismo. Él anota en su diario que la muchacha líder de ese grupo de chicas se llama Seraphita (Martine Lemaire). También anota que existe una señorita (Nicole Maurey) que asiste a misa diariamente (es la única que va). Lo que ocurre con ella es que es la institutriz y amante del Conde del pueblo (Jean Riveyre). El cura sabe lo que ocurre, pero mantiene silencio, más bien le pide apoyo al Conde para los proyectos de ayuda al prójimo que tiene en mente. El Conde lo escucha y le responde que aprueba sus ideas pero condena su aplicación porque la población de aquel lugar tiene mal espíritu.

En el fondo lo que dice el Conde es muy cierto, la población odia que el “nuevo sacerdote” sea un hombre bueno, es más, le comienzan a llegar cartas anónimas donde le dicen “¡Váyase!”, la hija del Conde (Nicole Ladmiral) lo insulta, la esposa del Conde (Marie-Monique Arkell) lo desprecia, unas mujeres corren el rumor (obviamente falso) que él es un borracho, otras personas dicen que el cura tiene “malos hábitos”. El pueblo lo juzga por ser bueno, por ser honesto, odian su simplicidad y sencillez. Todo lo que él habla, lo tergiversan. En el colmo de males, hasta le echan veneno al agua que él solicita cuando pretende evangelizar en aquel lugar. Ese día es salvado por la niña Seraphite y esta le cuenta lo que hacen en el pueblo con él.


¿De qué me acusan?
-         De ser como es.

La gente es tan perversa, que maquinan entre todos para hundirlo al cura y que este se vaya pronto. La salud del cura empeora, pero él tiene fe tanto en que su salud va mejorar como que esas personas van a cambiar y deponer esa actitud hostil. Acude a un doctor (Balpetre) de un pueblo cercano y este le dice que él pertenece a una raza particular: “la que aguanta”. En otras palabras, a esa raza de hombres que hacen frente a la vida, a pesar de tantas dificultades. Le da unas indicaciones para su alimentación (hasta ese momento desastrosa). Luego de un tiempo el cura empieza a mejorar de salud y le pone otra vez ganas a realizar obras en ese lugar. Nada lo va parar ni detener. Sin embargo, lo encuentran muerto al doctor, cosa rara dicen que se ha suicidado pero no han dado tiempo para investigaciones. Otra cosa extraña, la mujer del Conde, que al parecer se había puesto del lado del cura, también aparece muerta y también dicen que se ha suicidado. El pueblo le echa la culpa al cura de las muertes. Y ¿ahora qué ira a pasar?

Estremecedora, impactante, demoledora cinta de Robert Bresson que muestra la realidad humana en forma descarnada.

jueves, 6 de octubre de 2011

Matar a un Ruiseñor (To Kill a Mockingbird)

(Dirigida por Robert Mulligan  – USA 1962)

Una obra maestra que debe ser vista por hijos con sus padres


El mundo nunca es tan fresco y maravilloso
tan reconfortante y aterrador
tan bueno y malo
como cuando es percibido a través de los ojos de un niño.

Son inicios de los años 30 y en el sureño pueblo de Maycomb pareciera que los días duraran más de 24 horas. Como no hay dinero en la población, ellos prefieren invertir su tiempo en trabajar y por las noches en charlar. Contándose historias el tiempo parece detenerse. Este disfrute no solamente es para adultos, es también para los niños que juegan sin miedo en este paraíso en el que viven. La niña Scout Finch(Mary Badham) y su hermano Jem Finch (Phillip Alford) le cuentan a un niño foraneo, Dill Harris(John Megna), que existe un hombre muy malvado que vive en una casa cercana y que tiene un hijo llamado Boo que se encuentra encadenado a una cama. Por las noches Boo se libra de sus cadenas y recorre el pueblo. Dicen que mide casi dos metros, se alimenta de ardillas y gatos, tiene una cicatriz en el rostro, los dientes podridos, los ojos saltones y babea casi todo el tiempo. Dill no les cree a los hermanos Finch su historia de ese gigante. La tía de Dill le dice que es cierto lo que hablan esos niños.

Los hermanos Finch tienen una imaginación muy activa. Scout es una niña que se caracteriza por decir lo que piensa y siente, esto a veces le trae problemas pero es una niña sincera. Su hermano Jem es bien curioso y se muestra muy valiente siempre delante de su hermana quien lógicamente lo admira. Para ambos Boo Radley es una leyenda que ellos mantienen viva a todo aquel que ose preguntarles, es más llevan a su nuevo compañero de aventuras, Dill, tanto de día como de noche cerca de la casa de Boo para espiarlo. Nunca logran su objetivo de verlo de cerca. Pero bueno es una aventura el estar cerca de esa casa habitada por el gigante.

Un día corriendo y jugando por la plaza principal del pueblo en busca de murciélagos, se enteran que su papá, el viudo Atticus Finch (Gregory Peck), se encuentra en el Palacio de Justicia. Él es un abogado respetable, de aquellos que representan la honestidad y la decencia. Los niños entran a los tribunales para curiosear. Su papá ni bien se da cuenta los envía de vuelta a casa.

Ha terminado la etapa de vacaciones y llega la hora de ir al colegio. Los hermanos Finch adoran la idea de ir al Colegio, les fascina la idea de estudiar y jugar con sus compañeros de carpeta. Scout tiene problemas los primeros días del colegio, se la pasa diciendo la verdad a sus compañeros, la profesora le reprende. Se pelea con niños a los que se les ocurre hablar mal de su padre. Atticus conversa con su hija

Atticus: Si solo aprendieras algo sencillo, Scout, te llevarías mucho mejor con toda clase de gente. Nunca se entiende realmente a una persona hasta que consideras las cosas desde su punto de vista.
Scout: ¿Señor?
Atticus: Hasta que te calzas sus zapatos y caminas con ellos.

Lo que ocurre con Atticus es que le han dado la defensa de Tom Robinson (Brock Peters), un hombre al que el Sr. Bob Ewell (James Anderson) acusa de haber violado a su hija Mayella (Collin Wilcox). Atticus cree en la inocencia de su defendido, todas las pruebas lo indican así. Sin embargo hay algo contra lo que no puede luchar: la ignorancia. En Maycomb creen que las personas de raza blanca no se pueden relacionar con las personas de raza negra, es como un código de vida. Creen más posible que una persona de raza negra haya violado a una de raza blanca que lo afirmado por Tom: que fue la Srta. Mayella quien se le abalanzo para seducirlo pero que él logro huir. No entiende porque luego ella apareció con golpes por todo el cuerpo y afirmando que había sido violada por él. Nadie le cree. Sólo creen en él, su familia de raza negra y un hombre de raza blanca llamado Atticus Finch.

Atticus busca evitar contarles a sus pequeños las cosas desagradables de este mundo, pero es consciente que es un imposible y que tarde o temprano se van a enterar que además del paraíso en que viven, también existe un infierno. Y que este infierno es provocado por los mismos seres humanos. En efecto, más temprano que tarde los hermanos Finch conocerán como existe una gran maldad en el mundo y tendrán que sufrirla pero a la vez descubrirán que también existen personas buenas en el mundo y esa es la gran sorpresa de la película, la que emociona, la que hace llorar, la que hace que esta sea una obra maestra

“Matar a un ruiseñor” es una película que bien podría ser un poema al amor, a la pureza, a la sinceridad y finalmente a compartir. Es una invitación a seguir creyendo en las personas, no todos son malos, hay que tener esperanzas en la bondad de aquellos que creen en la justicia. No serán muchos pero existen. No es un idealismo decir que existen padres ejemplares como Atticus. Hombres a los que la injusticia les duele, que ver condenado a un inocente hiere sus células todas. “Matar a un ruiseñor” es un título que hace referencia a quebrar la inocencia, es un abrir los ojos a aquellos que todavía no saben lo dura que es la vida.

Cada personaje tiene un significado en la historia

Los hermanos Finch encarnan a la pureza, a la vida vista sin miedos ni prejuicios. Sin televisión ni videojuegos, tienen tiempo para jugar al aire libre y  escuchar y valorar las enseñanzas de su padre Atticus. Hoy en día, parece que la tecnología hubiera separado a los niños de su familia, entonces los golpes y la maldad que posteriormente van a encontrar en su camino por la vida les va doler durísimo, no tanto así si hubieran valorado los consejos de sus padres. Los hermanos Finch también son sinceros, por ello su curiosidad acerca del gigante Boo, ellos realmente lo que buscan no es el gigante, ellos buscan la verdad acerca de él. En palabras de Edgar Allan Poe: “El terror nos atrae porque deseamos saber la realidad por sobre las apariencias a las que nos hemos condenado a trabajar. Deseamos saber alguna especie de verdad trascendente… alguna visión de la vida”. Que bello es esto de buscar la verdad, que terrible cuando muchos adultos evaden a la verdad porque temen sufrir mucho dolor. Se olvidan de lo que significa vivir.

El personaje de Atticus representa al hombre (padre) que contiene lo mejor de todos nosotros. Refleja confianza, altruismo, bondad, sabiduría, tolerancia con todas las personas. Cleophus Thomas, Procurador de Alabama a finales de la década de los 90, resumió magistralmente lo que significa el personaje de “Matar a un Ruiseñor” de la siguiente forma: “Atticus no tiene pares, pero todos son sus pares. Él nos enseña lo que significa no tener pares. Si uno no tiene pares, si uno realmente es tan importante, maravilloso y brillante como uno piensa que es  … entonces el mundo es su par, todo él. Uno puede tratar con todo el mundo, de toda clase, color, tamaño”.

Quiero terminar este post con un homenaje a Gregory Peck y las frases y enseñanzas que nos dejó con su vida y con esta película en particular:

  1. El lema de mi vida fue actuar con: Equidad, coraje, perseverancia y amor.
  2. Ser padre: no significa ser siempre indulgente pero si siempre justo.
  3. Me gusta cuando W. Churchill dijo que: “No rehuséis ningún sacrificio ni os enojéis por ninguna dificultad, no busquéis ganancia sórdida, no temáis a ningún enemigo …. todo estará bien”.
  4. Los padres debemos ser una luz que brille en el firmamento de los hijos.
  5. En la vida podemos seguir, si creemos en la gente.
  6. Uno tiene que rodearse de gente que nos guíe en la dirección correcta como nuestros padres hicieron con nosotros.
  7. Hay que formar un carácter fuerte en nuestros hijos.
  8. No hay que ser ni tan apasionados ni tan desordenados.
  9. La gran cualidad de una persona debería ser “Saber escuchar a tu prójimo”.
  10. La gente tiene que ser una misma, no una copia de otros.

martes, 20 de septiembre de 2011

Muerte de un Ciclista

(Dirigido por  Juan A. Bardem – España 1955)


María José: ¿Qué piensas? Dime ¿Qué piensas?
Juan: En lo nuestro. Si, en lo nuestro. ¿Qué es? ¿Amor? ¿Pasión? ¿Pasatiempo?
María José: ¿Tú me quieres Juan?
Juan: Si. Creo que si. Nunca me lo había preguntado. Haz sido tantas cosas para mí durante tantos años.
María José: Tu novia, tu amante …
Juan: ….. nunca mi mujer
María José: Estuve a punto de serlo ¿no? ….la guerra …..
Juan: Si. La guerra….. La guerra es algo muy cómodo, se le puede echar la culpa de todo. De los muertos, de las ruinas, de los tipos como yo que se quedan vacíos por dentro y no vuelven ya a creer en nada ….. ni siquiera en la novia buena que no espera y se casa con un hombre rico. Es tonto de decir estas cosas, parece una novelita rosa.
María José: Aquello fue una equivocación y una necesidad. Sobre todo una necesidad.
Juan: ¿Tuya?
María José: No seas cruel. Sabes que te quiero a ti.
Juan: ¿Cómo qué? La Señora María José de Castro bosteza en los cócteles, se aburre en los campeonatos de canasta, se aburre en los conciertos de gala. El viejo amor de los 18 años puede ser ahora una aventura romántica, algo agradable y excitante ….. mientras no haya complicaciones.

Un ciclista va por la carretera, el cielo oscuro lo acompaña. Va hacia una curva y en dirección opuesta aparece un auto. Al rato el vehículo se mueve en zigzag y quien maneja, la Sra. María José de Castro (Lucia Bosé), frena. A su lado se encuentra el Sr. Juan Fernández Soler (Alberto Closas). Ambos miran hacia atrás como quien ha dejado algo en el camino. Bajan del vehículo, quien corre en busca del ciclista es Juan, se da cuenta que aun se encuentra vivo. María José solo da unos pasos, mira la escena y le dice a Juan que regrese al auto. Un silencio invade el camino hacia la ciudad. Al llegar, Juan le dice a María José que no se preocupe porque nadie les ha visto.

Pasan algunos días.

La Sra. María José de Castro y su esposo Miguel (Otello Toso) hacen reuniones sociales. Miguel es un hombre de mucho dinero. María José parece que no hubiera matado a hombre alguno o que engañe a su marido, ella no muestra ni una pizca de remordimiento alguno. Es más le gustaría irse de viaje con su marido.

En cambio, Juan si tiene remordimientos. Piensa y piensa en su cuarto sobre lo que ocurrió, también cuando dicta sus clases de Geometría Analítica en la Facultad, en ningún momento se le va de la cabeza lo que ocurrió en esa carretera con su amante María José. Sufre de pensar en el dolor de la familia del ciclista, hasta finge ser periodista y va a la casa del fallecido y se entera de cómo había dejado una viuda con dos hijos pequeños. Juan en el fondo es un tipo bueno pero esa pasión que tiene por María José hace que se comporte como un arrastrado, un tal por cual que obedece las ordenes de esa mujer que le da placer cuando a ella le place y en dónde ella quiera. Una mujer egoísta que de sentimientos nada de nada, aunque dice querer tanto a su esposo como a su amante (los dos le creen ciegamente).

María José sigue disfrutando de los placeres pasajeros de la vida cuando uno de sus tantos invitados de fiestas sociales, el Sr. Rafael Sandoval (Carlos Casaravilla) le dice tocando el piano que ha compuesto una canción llamada “Chantaje” y agrega a ritmo de la melodía “Te he visto, hora cinco y media, lugar carretera de Francia, vehículo Fiat, velocidad 90 por hora…”. María José por primera vez manifiesta miedo pero no por la muerte del ciclista, si no porque Rafael pueda contarle algo a su esposo sobre ella y Juan. Otra cosa que le comienza a preocupar es que Juan este hablando de que “en la vida es indigno eso de engañar y mentir a las personas”. Juan se está volviendo un hombre sincero, como lo fue en su juventud, y eso es motivo para ponerse alerta. A María José no le queda otra que calcular fríamente sus acciones a seguir, su máximo interés es seguir disfrutando del dinero y nadie puede interferir con sus planes.

Decía Goethe que “La época en que mejor amamos es aquella en que todavía pensamos que somos los únicos amadores y que nadie ha amado ni amará nunca tanto”. Juan piensa que lo suyo por María José es un amor inconcluso, que una vez resucitado necesita culminarse y porque no que sea para siempre. Se olvida que ella es una mujer casada, la pasión puede más. Se olvida también que tiene todo un plan de vida como Profesor en la Universidad y que puede seguir creciendo como profesional, esas ganas de “verla” a María José tienen más poder en él que otra cosa.

Albert Einstein dijo una vez “La falta más grave es no tener conciencia de ninguna falta”. María José parece no tener sentimiento alguno, ni siquiera respeto por ella misma. Ella sólo rinde culto al dinero y a todo lo que este le brinda, eso es la felicidad para ella. Ella nunca va dejar a su marido, pero no se lo dice a Juan porque él le da un “amor ingenuo que a la vez es puro y sincero”.

Para tratar el tema de la infidelidad en el cine se necesita ser un cirujano para hilar con punto fino cada parte de la historia y para que el espectador sienta en todo momento esa sensación de vértigo que envuelve a los amantes. Juan A. Bardem lo logra en “Muerte de un ciclista”.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Medianoche en París (Midnight in Paris)

(Dirigido por Woody Allen – USA 2011)


Gil (Owen Wilson) es un tipo de mirada ingenua y con un aire perdido, es modesto e inteligente. Es de los que piensan que besarse con una mujer te puede hacer inmortal en ese instante. Pero por sobre todo, Gil es un hombre que vive en el pasado, que cree que su vida hubiera sido más feliz si hubiera vivido años atrás. El estado de felicidad máximo para él sería: París, años 20, bajo la lluvia. Eso de alucinar con el pasado es muy romántico y a la vez un estado perpetuo de negación de un presente al que le cuesta enfrentarse.

Su novia Inez (Rachel McAdams) es lo opuesto a Gil. Disfruta el presente al máximo, al fin y al cabo se vive una vez. Le fastidia que el “Gil Guionista de Hollywood” ahora pretenda tirar todo al tacho de basura y convertirse en “Gil Literato”. A Inez tampoco le gusta eso de caminar bajo la lluvia y menos eso de quedarse en casa, ella prefiere tomar un taxi e irse a una fiesta a bailar. Una noche que ella se va a bailar, él sale a pasear por París. Sus calles empedradas, el ambiente enrarecido por gente de distintas partes del mundo le encanta. De pronto un coche se detiene, es medianoche, le invitan a subir. La vida de Gil cambia en un abrir y cerrar de ojos, ha sido trasladado como por un portal a París, años 20, bajo la lluvia. Conoce a todos los intelectuales habidos y por haber en la ciudad, sin embargo quien más le llama la atención es la amante de Pablo Picasso: la embriagante Adriana (Marion Cotillard). ¿Qué decisión va tomar Gil? ¿Quedarse en el siglo XXI o en el año 1920? Pero…. el amor ¿importa?

“Medianoche en París” es un homenaje de Woody Allen a tres de los más grandes directores de cine del mundo: Francois Truffaut (El hombre que amaba a las mujeres), Ingmar Bergman (El hombre que amaba hacer pensar a los hombres y a las mujeres) y Federico Fellini (El hombre que amaba a su pasado).

Federico Fellini es un director que descubrí tardíamente, pero de inmediato me entusiasmaron sus historias. Esa obsesión suya por hablar del pasado, por hacernos creer que “todo tiempo pasado fue mejor” por más duro que este fuera. A Fellini mezclar en imágenes el pasado con el presente se le hace tan fácil como a Woody Allen trasladar a Gil por un túnel del tiempo (en vez de túnel, carro en esta película) hacia el París de 1920 una medianoche de un día cualquiera. A Gil se le hace difícil vivir el presente porque no es feliz, se encuentra en un estado insatisfactorio. Fellini lo trasladaría al pasado para tener felicidad, Allen hace lo mismo pero le agrega, con una madurez de director consagrado, que este pasado le ayude a mejorar su presente y a proyectarse hacia el futuro. Ambos buscan que sus filmes sean los más sinceros posibles, por eso será que la frase que les gusta es: “La felicidad consiste en poder decir la verdad sin nunca hacer sufrir a nadie”.

El cine de Ingmar Bergman es un cine potente, intenso, que busca hacer reflexionar si o si a los espectadores. Ver una película de Bergman no nos deja indiferentes. Allen es un admirador del cine de Bergman porque básicamente es un cine de autor (único, personal), es decir, un cine que tiene un público pequeño pero apasionado. El cine de Allen también es único. Bergman es un tipo cuyo cine es una invitación a pasearse por el análisis de las emociones humanas y los peligros de la incomunicación entre los seres humanos. La gran coincidencia de Bergman y Allen es esa frase que dice: “Lo importante es amar”.

Hablar de Francois Truffaut es hablar del amor. Y hablar de amor, es hablar de mujeres. Para Truffaut, un hombre puede amar una y muchas veces, coincido totalmente con el maestro y Allen también (conocida es su historia de las muchas mujeres que ha amado e inclusive, como Truffaut, ha dirigido en sus cintas). En la película, Gil está de novio con Inez, pero ella no es su “media naranja”, es más bien su polo opuesto. Por experiencia sabemos que esa frase de “polos opuestos se atraen” es la gran mentira del siglo XXI. Lo sabe Truffaut, lo sabe Allen. Sin embargo Truffaut en muchas de sus 21 películas juega con esa gran mentira porque le gusta filmar a la gente obsesionada con que sólo se puede amar una vez, además estos temas obsesivos son la manera directa de llegar al corazón de muchas parejas que creen ciegamente que el amor es sufrimiento, que es llorar y hasta morir por amor. Busca mostrarles visualmente la realidad con la que se van a chocar y hacerlos reflexionar y madurar.

Truffaut sabe realmente que el amor es “mi otra mitad” o “mi media naranja”, es decir mientras más cosas en común la pareja puede perdurar más como algo consistente, como un todo total. En unas declaraciones que brinda a la televisión afirma: “La vida es transitoria por definición y avanza hacia la decadencia. Al principio, asciende y luego va hacia abajo. Pero todo en nosotros aspira a lo definitivo. Queremos que lo que sentimos por nuestra madre sea definitivo, y viceversa. Lo mismo en el ámbito amoroso. Pero la vida destruye todo eso. De modo que un cine afectivo, como es el mío, sólo puede filmar desgarramientos, la contradicción entre ese anhelo de definitivo y la realidad, puramente temporal”. Lamentablemente Truffaut (la muerte lo sorprende) no logra hacer un filme con una reflexión acerca de “mi media naranja”, lo cual Allen si logra en esta película, haciendo un homenaje al maestro en la antepenúltima escena de “Medianoche en París” cuando Gil e Inez hablan sobre el futuro de su relación amorosa. Tremenda escena palabra por palabra del personaje de Gil. La gran verdad de la vida, para Woody Allen y Francois Truffaut, es que a la hora de amar un hombre debe ser valiente y veraz.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Carta a Tres Esposas (A Letter to Three Wives)

(Dirigido por Joseph L. Mankiewicz – USA 1949)


George: Estoy dispuesto a reconocer que para la mayoría soy una figura ligeramente cómica: Soy un hombre educado.
Rita: Nadie te pide que no lo seas. Piensa en cómo podrías ayudar. Podrías elevar el estándar.
George: ¿De la radio donde tú trabajas? ¿Cómo dice la frase? “Ya puedes reírte”. Soy profesor. Eso es peor que ser intelectual. Los profesores no son sólo cómicos … también tienen frío y hambre en el país más rico de la tierra.
Rita: Y miles renuncian cada año por trabajos que pagan bien.
George: Por desgracia, es cierto.
Rita: ¿Y por qué tú no?
George: Porque no me imagino haciendo ninguna otra cosa. ¿Qué crees que pasaría si todos renunciáramos? ¿Quién les abriría a los niños las mentes y los corazones a las glorias del espíritu humano y presente? ¿Quién los ayudaría con el futuro? He sido más afortunado que la mayoría.

Rita Phipps (Ann Sothern) se dedica a hacer correcciones de guiones para las radionovelas. Su esposo, George Phipps (Kirk Douglas) es maestro de escuela. En la comparación de ambos empleos, ella gana mucho más dinero que él, así que aporta más para esa unión también conformada por sus hijos gemelos. Es un matrimonio donde se nota que ambos se quieren, sin embargo Rita quiere más dinero para la casa y piensa que George debería tener un mejor trabajo, uno que gane mayor sueldo, su jefa le ha dicho que lo puede contratar en la radio. Rita sin consultarle previamente a George, ya está haciendo los arreglos para ese inminente trabajo. Surgen desavenencias entre George y Rita. Lo peor es que llega un conjunto de longs plays a la casa de los Phipps que llevan una nota en la que se indica “Para George en su cumpleaños: Si la música es el alimento del amor, tocad …. Addie Ross”.

Deborah Bishop (Jeanne Crain) conoció en la Armada a Bradford Bishop (Jeffrey Lynn). Se enamoraron y se casaron. Ella era una chica de provincia, él un hombre de la gran ciudad. Ella había sido una chica tranquila y chancona (siempre los primeros puestos en donde estudiara), él en cambio había sido un chico movido y con muchas enamoradas. Ese traslado a la ciudad, la llena de inseguridad a Deborah, se siente fea, que no tiene la ropa a la moda y lo que es peor piensa que Bradford tiene algo con otra mujer, lo presiente, sólo le falta confirmarlo. Un día Bradford le regala un vestido, pero que casualidad, es el mismo que usa la mujer más chic de la ciudad, o sea Addie Ross.

Lora Mae (Linda Darnell) es una joven con muchos sueños de grandeza. Tiene una belleza que quema los ojos de los hombres. Existe uno que ansia quemarse no solamente los ojos, sino completamente todo. Se llama Porter Hollingsway (Paul Douglas) y es un hombre adinerado, dueño de la empresa donde trabaja Lora. A Porter se le ocurre invitarla a salir a Lora. Ella es una mujer bien segura de si misma, sabe lo que quiere de los hombres, al fin y al cabo ha estado con tantos que los conoce al milímetro, Porter es su gran oportunidad para casarse y en la primera cita va directo al grano y le dice sus pretensiones. Por supuesto que Porter no ve con buenos ojos eso del matrimonio, sin embargo Lora usa la técnica del “calenteo” para que Porter la vuelva a invitar. La segunda vez Lora vuelve a usar la misma técnica, Porter comienza a volverse loco. Lora sabe que no puede aflojar, es decir, en la técnica del “calenteo” no “das nada hasta que ya veas que la presa quiere huir”. Un beso es suficiente para que Porter no tire la toalla. Sin embargo Porter se llega a cansar, y ella arriesga y pone todas sus fichas por la técnica del “adiós triste”. Al cabo de un tiempo, Porter le propone matrimonio. Parece que realmente Porter la ama, sin embargo constantemente él hace gala de que es superior en todo aspecto a ella y lo que es peor encima del piano siempre muestra un cuadro con la foto de Addie Ross.

Es el primer sábado de Mayo y el club de las mujeres conformado por Rita, Deborah, Lora y otras mujeres se reúnen para hacer una comida campestre para los niños pobres de la ciudad. En un barco cruzan el río y ahí al otro lado hacen juegos, paseos, comen, se divierten todo el día. Pero es justo cuando están por subir al barco que un cartero se acerca a las tres mujeres y les entrega una carta, por alguna razón Rita piensa que la ha escrito Addie Ross, se apresuran en leerla a pesar que Deborah dice que quizá Addie les quiere arruinar el día. La carta las impacta especialmente cuando al final de la misma dice: “…verán chicas, huí con uno de sus maridos. Addie”.

¿Quién es el marido que ha huido con la inclasificable Addie Ross?. Será George o Brad o Porter. Durante todo un día, las tres mujeres exprimirán el cerebro, analizarán sus matrimonios y por la noche al regresar del día de campo sabrán quién es la Reina del Primero de Mayo, fina cortesía de Addie Ross.

Mankiewicz es un director de diálogos inteligentes, superiores a los de muchos cineastas de su época y de todos los tiempos. Por algo hizo esa gran película llamada “Todo sobre Eva”, considerada entre las 100 mejores películas de la historia del cine mundial. Unos años antes de su obra maestra, hizo “Carta a tres esposas”. Escogió un reparto ansioso por hablar del tema que más le ocupaba a Mankiewickz: Las mujeres. Reunir a Jeanne Crain, Kirk Douglas, Linda Darnell, Ann Sothern, Paul Douglas y Jeffrey Lynn no se hace todos los días. “Carta a tres esposas” es una película que merece verse por un gran motivo: Es un estudio de la mujer de principio a fin. Ojo con los primeros minutos de la película, prestemos atención a cada una de las palabras de Addie Ross.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Él

(Dirigido por Luis Buñuel – México 1952)


Francisco: La verdad es que yo tengo un concepto bastante personal sobre el amor.Mamá de Gloria: ¿Por ejemplo?
Francisco: No creo en el amor preparado, en ese que según dicen nace con el trato. El amor surge de improviso, bruscamente. Cuando un hombre y una mujer se encuentran y comprenden que ya no podrán separarse.
Amigo: Bueno, eso que tú dices es el flechazo. El amor que hiere como el rayo … nada recomendable.
Francisco: El rayo no nace de la nada, sino de nubes que tardan mucho tiempo en acumularse. Ese tipo de amor se está formando desde la infancia. Un hombre pasa al lado de mil mujeres y de pronto encuentra a una que su instinto le dice que es la única. En realidad en esa mujer cristalizan sus sueños, sus ilusiones, los deseos de la vida anterior de ese hombre.Padre Velasco: Bueno hijo, pero el amor no siempre es recíproco, ¿Y si ella no te quisiera?
Francisco: ¡Tendría que quererme!
Raúl: Vaya no te creía tan romántico, ¿Qué opina usted Padre Velasco?
Padre Velasco: Pues yo opino sobre el amor ….. que este pavo está muy bueno.
Risas de los comensales.

Francisco Galván (Arturo de Córdova) es un hombre puro que no ha conocido mujer alguna, a pesar de los años que lleva encima. Su pasión por el trabajo y la herencia que le dejó su padre, ha hecho que él se olvide de algo sumamente importante: el amor por el prójimo.

Es Jueves Santo y Francisco colabora con el Padre Velasco (Carlos Martínez Baena) en el lavado de los pies. Se distrae por un rato del acto religioso y se pone a observar los pies de las mujeres que han asistido a la misa. De pronto se detiene en unos pies en particular, va escalando con su mirada las piernas y el cuerpo hasta llegar al rostro el cual es sumamente bello. Ella se percata, él la sigue mirando, ella agacha los ojos, él la sigue mirando. Cuando acaba la misa, Francisco va a buscarla, no la logra alcanzar.

Desde ese día, Francisco empieza a ir todas las mañanas y todas sus tardes a la Iglesia, su pretensión es crear un encuentro con ella si o si. Una mañana logra su objetivo, pero ella le dice que no deben verse más. Ella se va en un taxi, él la sigue. Descubre que está de novia con su amigo Raúl (Luis Beristáin). Traza todo un plan mediante el cual, quema las pretensiones amorosas de la pareja y él se queda con ella.

Francisco y Gloria (Delia Garcés) se casan, hasta ahí todo ha sido felicidad ya que ella desde aquella mirada de pies quedó flechada de Francisco, lo mismo le paso a él. Ella es una mujer comprensiva e inteligente, él es un tipo aparentemente sensato y bueno. Es una pareja admirable la que ha contraído nupcias. Sin embargo la noche de luna de miel cuando por un momento separan sus labios luego de un apasionado beso, Francisco observa que Gloria sigue con los ojos cerrados y le recrimina diciéndole ¿En quién piensas?. Para Francisco ella seguro pensaba en su ex Raúl. Se pelean.

La mañana siguiente, ya en la luna de miel en Guanajuato, la pareja se encuentra con un amigo de Gloria, el cual la saluda efusivamente. Francisco hace otra escena de celos. Gloria no entiende que pasa con Francisco. A él le caen pésimo todo hombre que se acerque a conversar o mirar a Gloria. Inclusive piensa que los descarados la siguen a Gloria por su dulzura y belleza, ella debe tener cuidado porque ellos pueden “confundir la buena educación con otras cosas”.

Al regreso de Guanajuato, se instalan en su casa y el ordena a la servidumbre que a ella no se le permita la visita de nadie. Prácticamente la tiene encerrada. Encima cuando hace reuniones, luego de las mismas le hace escenas de celos y hasta le agrede físicamente por las noches.

Gloria no puede más con ese ritmo de vida y toma una decisión, la separación. Sin embargo se olvida que Francisco no quiere que lo dejen y está dispuesto a todo.

Buñuel es un director que cuenta historias de la vida real y lo hace de tal manera que uno al principio te puede caer bien el personaje central, luego despreciarlo para al final tenerle lástima. Para ello necesitas un buen actor, que sea apasionado con sus líneas, con su actitud, en este caso Arturo de Córdova está excelente mostrando todas las emociones posibles en un personaje, tan rico en características, como el de Francisco.

¿Quién es Francisco? Es un tipo que necesita mucho, muchísimo amor. Su falta de experiencia amorosa le hace creer que el amor a primera vista es el mejor, es más lo ha teorizado e idealizado ese tipo de amor hasta llevarlo a un altar.
¿Por qué es tan celoso hasta llegar un punto de ver u oír cosas que no existen? Se puede explicar por su condición de ser muy posesivo con lo suyo (ver las escenas iniciales cuando habla de la herencia de su padre), él piensa que hay que tener un control excesivo sobre las cosas y aplica lo mismo a lo que él cree que es el amor de su vida. El fantasma del ex novio de Gloria hace que él tenga pensamientos delirantes acerca de un engaño por parte de ella. Sin embargo estos pensamientos comienzan a autodestruirlo instante a instante, su autoestima se va destrozando a tal punto que cree que la gente se rie de él porque todos saben que es un cachudo.
Para mi hay dos escenas claves en la película, la primera es cuando Francisco pide ayuda a su sirviente preguntándole que haría si descubriera que su esposa le es infiel. La respuesta que le da el sirviente es genial. La segunda escena es casi al final de la película cuando el Padre Velasco dice en ocho palabras lo que es Raúl.

Dato 1: "Él" fue una de las películas favoritas de Francois Truffaut y Alfred Hitchcock.
Dato 2: "Él" se encuentra entre las 10 mejores películas del cine mexicano de todos los tiempos.

Mammoth

Dirigida por Lukas Moodysson Suecia 2009 Vivimos tiempos de Pandemia y si bien esta no es una película sobre un fenómeno así, las pregunt...