(Dirigido por Akira Kurosawa – Japón 1970)
Una obra intensa y desgarradora
Dodes'ka-den
Una señora eleva sus oraciones a Buda para que su hijo se sane, es un milagro realmente lo que pide, pero la vida también está hecha de milagros dijo el poeta. Ese muchacho también eleva sus oraciones a Buda para que su mamá goce de buena salud, él la nota enferma. Bueno quien realmente está enfermo es él pero no se da cuenta de su enfermedad, sólo los demás lo saben. El muchacho se despide de su mamá porque tiene que trabajar turnos de 8 recorridos por la mañana y por la tarde en el tranvía “que él maneja”. Su madre sigue elevando oraciones mientras contempla el cuarto lleno de dibujos de tranvías (hechos por él) de todos los colores.
El muchacho “trabaja en un tranvía viejo”, pero que le va hacer, es lo que le ha tocado en esta vida. Igual es feliz haciendo su recorrido por aquel pueblo en el que vive. Hay un detalle que deben saber: Este tranvía solo existe en la imaginación del muchacho. Una vez que él lo hace arrancar a su “portentosa máquina móvil” repite una y otra vez “Dodeska-den, Dodeska-den, Dodeska-den …. shu shu shu …. Dodeska-den, Dodeska-den, …..”. Los niños del pueblo cuando lo ven le gritan “El loco del tranvía”. Él no les hace caso y sigue sus recorridos.
En el pueblo de aquel muchacho viven una serie de personajes que comparten su vida con él.
El hombre que ayuda a su prójimo
Existe un anciano que es tan buen hombre que al “loco del tranvía” no lo juzga, más bien es tolerante y le conversa sobre sus recorridos por la ciudad. También ayuda a los suicidas y a los depresivos a que encuentren la felicidad de la vida en sus sueños. Inclusive un día, un ratero quiere robarle su casa, él lo sorprende, le da su dinero sin chistar e inclusive lo motiva para que la próxima vez toque la puerta y él lo ayude económicamente.
El pordiosero y el niño que soñaban con tener una casa
Un pordiosero y su hijo viven en un carro antiguo, malogrado y sin llantas. Todos los días el pequeño busca sobras de comida en los restaurantes, luego vuelve a su hogar y comparte con su padre. El pordiosero sueña con tener una casa, la visualiza y le hace partícipe al niño de sus sueños. La vida es feliz para ambos, si no fuera porque un día comen un pescado malogrado que les provoca diarrea, el pordiosero logra sanarse pero el niño cada día se pone peor. Hay algo que todavía les queda a ambos: los sueños de esa casa de estilo europeo, rejas verdes y una piscina grande.
Los borrachos que intercambiaban a sus mujeres
El hombre que era feliz con la mujer amargada
La mujer que tenía hijos de todos
La joven que trabajaba día y noche
El hombre serio
Las mujeres que contaban chismes
Por último, en el centro del pueblo, unas mujeres observan al “loco del tranvía” y chismean sobre él, también sobre el “orgulloso” pordiosero, sobre esos “libertinos” borrachos y sus mujeres, sobre que “ganas” le tienen al hombre serio por lo misterioso que es, sobre la “insoportable” mujer del hombre bueno del bastón, sobre la mujer “esa” que inclusive embarazada sigue coqueteando, y de la pobre chica que no duerme. En fin hablan de todo el mundo menos del anciano que ayuda al pueblo a ser mejores seres humanos, a él si lo respetan.






